La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los cambios urgentes que nunca llegan

 

Ángel Gutiérrez Sanz ( Catedrático de Filosofía)

Explorar0005_4545d492be18422c5dd28c85a91409b7Una vez  configurado el mapa electoral del 24 de Mayo las incertidumbres continúan y seguimos preguntándonos ¿qué futuro nos espera?  ¿Servirá para algo la irrupción de los partidos emergentes? ¿En qué quedarán los buenos propósitos de la regeneración moral? En torno a estas cuestiones me gustaría hacer algunas reflexiones pertinentes y lo primero que se me ocurre es lo siguiente.  El  futuro ya es  un presente que hemos comenzado  a vivir con  grandes expectativas de cambio,  sin que las cosas acaben por clarificarse, lo único que han cambiado son los protagonistas; pero los problemas, los interrogantes , los afanes de cada día, siguen siendo los mismos.  Acabamos de celebrar unas elecciones y ahora estamos asistiendo a la ceremonia de los pactos poselectorales.  Las estrategias políticas continuarán como hasta ahora, volverán los chalaneos, “ quid pro quo”, “yo te doy para que tú me des” . Otra vez las componendas y los apaños para evitar daños mayores e impedir que  este país resulte ingobernable; pero claro está, esto tiene su precio y va en detrimento de la pureza de los programas con que cada partido  se presentaba ante los votantes

En el día después  ya han comenzado las conversaciones y los contactos  acabarán, posiblemente, desvirtuando las promesas hechas.  Se ha puesto también sordina a las descalificaciones entre  políticos rivales, bajando de tono las agresiones verbales. Las valoraciones entre ellos ya no son las mismas porque la necesidad obliga a unos y a otros a entenderse. Estamos acostumbrados a que las acusaciones e insultos durante el periodo electoral se truequen  en reconocimientos mutuos. “To er mundo e güeno”… según los casos, las hostilidades son sustituidas por guiños de complicidad y  aquí no pasa nada. Los que antes de las elecciones   eran enemigos a muerte irreconciliables se trasforman en socios llamados a entenderse por el bien de España .  Ante esta versatilidad, uno no puede por menos que pensar que o simulaban antes o simulan después.

En el fondo estamos en las mismas de siempre, alcanzar el poder  sigue siendo el leifmotiv de los políticos que se ven obligados a preguntarse  ¿Para qué sirven los principios  si no se consigue el poder necesario para llevarlos a la práctica?  Y es que hoy  lo que se valora es lo útil no lo honesto.  Ingenuo sería pensar que en política tienen más peso específico los idealismos que el pragmatismo, por eso las promesas electorales acaban en amargos desengaños. Lo hemos podido ver con UCD, el PP. o el PSOE y  seguramente habremos de verlo muy pronto también con Podemos  y con Ciudadanos, formaciones  que han entrado a formar parte en el engranaje de un sistema , cuya esencia viene marcada  por el juego dialéctico  entre posición y oposición, sin  llegar nunca a cristalizar en una síntesis superadora y definitiva . La versatilidad política  llega a ser una necesidad exigida por las urgencias que van marcando las formas y los modos.

Sin duda alguna la irrupción en el escenario político de unos actores  jóvenes, atractivos, inteligentes, con sus mochilas cargadas de proyectos ilusionantes, que nos hacen recordar rancios metarrelatos del pasado, ha sido suficiente como para que hoy se esté hablando de una bocanada de aire fresco que viene a renovar el proyecto de la transición  en vías de descomposición. La sociedad española algo tiene hoy de lo que le faltaba ayer, que es un poco  más de ilusión para afrontar un  futuro incierto y no seré yo quien trate de extinguir ese sentimiento legítimo y hasta cierto punto necesario, tanto entre creyentes cono en no creyentes, los mismos que hace 4 años gritaban en la puerta del Sol “ Sí se puede”.

Nada que objetar a  que las nuevas generaciones mantengan viva la esperanza alentada por los nuevos liderazgos. Cada cual es muy libre de ilusionarse con estos nuevos profetas dispuestos a cambiar al mundo; pero he de decir también, que éste no es mi caso, después de haber vivido en reiteradas ocasiones situaciones similares, en las que jóvenes líderes políticos sembraron de ilusión nuestro suelo para que luego todo se desvaneciera como un sueño.  Recuérdense los nombres de Adolfo Suarez  , Felipe González o  J. Luis Rodríguez Zapatero. Por otra parte el tiempo también me ha ido enseñando que de ilusión no se vive, que hay que dar solución adecuada a los problemas e ir cambiando las cosas a mejor, sobre todo está haciendo falta una regeneración moral, esa de que tanto se habla y nunca llega. ¿Será también posible?

La regeneración moral está en boca de todos; pero ésta no llegará nunca mientras estemos inmersos en un sistema relativista que todo lo condiciona y  contamina. Si partimos del supuesto de que no hay valores objetivos, que ni siquiera existe el bien y mal , que no hay principios intemporales, sino sólo apreciaciones provisionalmente válidos aquí y ahora.  Si pensamos que es al hombre a quien compete decidir en última instancia que es lo que está bien y que lo que está mal. Si prescindimos o negamos que exista un criterio objetivo de moralidad que está por encima de las consideraciones subjetivas , si no admitimos  que por encima de la voluntad de los ciudadanos existen unos preceptos superiores  y supraconstitucionales , llámense ley natural o primeros principios éticos, lo que estamos haciendo es negar la moral, imposibilitarla en su sentido más genuino y a  lo más que podremos aspirar es a hablar de legalidad, categoría ésta bien diferente de la moralidad.

Para hacer posible la regeneración moral de la sociedad o de la política, es de todo punto necesario en primera instancia, superar el relativismo en que nos encontramos sumidos, porque ambos son incompatibles. Baste para demostrar esto recurrir a una simple definición .  La moral es un conjunto de normasvalores creencias  anteriores al sujeto y previamente establecidas, que nos indican lo que está bien o está mal. Exactamente lo contrario del relativismo que todo lo hace depender de la subjetividad y de los distintos marcos de referencia, según lo cual nada hay que no sea defendible, según los distintos puntos de vista. De modo que el relativismo es tolerante con todo y con todos excepto con la moralidad y los moralistas.

Desgraciadamente los políticos de hoy han logrado situar la moralidad en el punto que a ellos les interesa, convirtiéndose así en malos imitadores de sus antepasados los sofistas griegos. Es así como se ha pasado a confundir la parte con el todo hasta llegar a creer que la corrupción moral sólo tiene que ver con la apropiación indebida e injusta, cuando en realidad el término corrupción es un término mucho más amplio, que abarca un sin número de perversiones del orden moral, que se han olvidado y a las que no se les presta la menor atención. Corrupción también es la falta de respeto por la vida , la desnaturalización del matrimonio y de la familia , el desequilibrio social, que hace que unos derrochen a manos llenas y otros se mueran de necesidad. Corrupción es el exceso de una libertad mal entendida y la omnipermisividad que caracteriza a nuestra sociedad; corrupción es la falta de respeto a la dignidad humana y la manipulación de los medios de comunicación al servicio de los intereses espúrios y no de la verdad; corrupción es desviar al hombre de su proyección trascendente y convertirlo en un consumidor empedernido , corrupción en fin es hacer del hombre dueño y señor por encima del bien y del mal, convirtiéndole en una especie de dios.

De estos tipos de corrupción y de otros muchos inscritos en el orden moral nada quieren saber los partidos que hoy están disputándose el poder ; aún así todos ellos se sienten llamados a ser los artífices de una regeneración moral light, una regeneración moral sin exigencias, que prácticamente dejan las cosas como estaban. Ningún político ha sido lo suficientemente sincero como para reconocer que desde el relativismo es imposible de superar la crisis de valores que adolece nuestra sociedad y ésta es la cuestión. Se nos seguirá hablando hasta la saciedad y el aburrimiento de los valores de la derecha y de los valores de la izquierda, tratando cada partido de arrimar el ascua a su sardina; pero no es de esta moral partidista de la que el hombre actual está necesitando, mucho menos cuando las ideologías están cayendo en desuso. Lo que procede hablar es de esa moralidad universal que trasciende todo partidismo político. Lo que hoy se necesita no es ser más de derechas o ser más de izquierdas, sino ser más hombre, más persona, ser más interiormente libre, más digno, más plenamente humano, que es lo  que siempre ha pretendido  esa moral exigente, que desgraciadamente hemos olvidado y es urgente que recuperemos cuanto antes. Si no es así entonces la regeneración ética se hará imposible