La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

No es tiempo de sainetes

Si no fuese porque está en riesgo la solvencia de España como Estado, podría decirse que el juego abierto para ocupar alcaldías y Comunidades autónomas se parece en algunos casos a un sainete. Las propuestas antisistema de Podemos y sus plataformas ya no parecen asustar a un PSOE que sólo busca desaforadamente tocar poder, desalojando al centro-derecha incluso allí donde es, con claridad, la fuerza más votada. Los socialistas recubren a Podemos con el manto de la social-democracia, olvidando que se trata de una fuerza que rechaza la Constitución del 78 y todos los grandes acuerdos de la Transición. Como ya hizo Zapatero, el PSOE vuelve a jugar a la ruptura, con consecuencias difícilmente calculables.

También parte de la opinión publica empieza a creer que los programas máximos de Podemos irán paulatinamente hacia la moderación, dado que muchas de las medidas propuestas corren el riesgo de paralizar numerosos proyectos urbanísticos y empresariales que conllevan elevadas inversiones extranjeras. No es difícil que Podemos adopte un perfil bajo hasta las Elecciones Generales, pero sólo una enorme banalidad puede eludir su impronta radical.

A Mariano Rajoy le queda poco tiempo para afrontar la nueva situación y hacer gala de capacidad política. Se trata de liderar y no sólo de administrar: se trata de dialogar con una sociedad civil que a veces parece huérfana de interlocutores políticos. Se trata también de abandonar la suficiencia y el aislamiento para proponer un proyecto que vuelva a merecer el crédito de amplios sectores sociales que a esta hora deben estar meditando qué futuro espera a nuestra sociedad si lo que se impone es el tándem PSOE-Podemos.