La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La herencia del PP

18200001_1432472096100_71_20_0_graDe las muchas lecturas que pueden hacerse del resultado de las elecciones municipales y autonómicas, hay una de particular relieve: que pese a ganar en número de votos, como estaba previsto por las encuestas, el Partido Popular pierde mas de dos millones y medio de votantes entre los que se han quedado en casa y se los que ha llevado Ciudadanos. Mientras, el PSOE, que pierde un millón de votos, puede convertirse en el ganador gracias al juego de las alianzas previsibles con la izquierda radical, es decir, con Podemos.

Otra consideración: el voto de castigo que ha sufrido el PP no significa, inevitablemente, que se vaya a mantener en las elecciones generales de finales de año, sobre todo si su decepcionado electorado sufre las consecuencias de un acoso a “su” partido desde la izquierda. Pero es evidente que de aquí a fin de año, si quiere recuperar la confianza de esos millones de votantes perdidos, el PP está obligado a cambiar su política de comunicación al tiempo que se regenera interiormente, a sabiendas de que la corrupción ha sido una de las causas del varapalo sufrido.

A estas alturas, Mariano Rajoy debe haberse dado cuenta de que no basta con la recuperación económica, ni mucho menos con el miedo a la inestabilidad política que supondría a escala nacional una repetición de lo ocurrido en las municipales y autonómicas. Tampoco basta con haber aprobado más de setenta medidas contra la corrupción… que apenas han llegado a la opinión pública. Ahora bien, dando por sentado que ya se han acabado los tiempos de las mayorías absolutas, el PP no puede aspirar a una repetición de los resultados de noviembre de 2011 y que, por supuesto, algo tendrá que hacer si quiere mantenerse en el poder.

En buena medida, el mapa político que se ha configurado este domingo, es la “herencia” que el propio PP tendrá que gestionar. A partir de ahora será el diálogo y, sobre todo, la firmeza en la defensa de la unidad de España, lo que permitirá al PP seguir gobernando el país. Cabe preguntarse qué hubiera pasado este domingo si el presidente Rajoy hubiese mantenido sus promesas electorales de hace cuatro años, salvedad hecha de los recortes obligados por la crisis que tanto daño han causado a las clases medias. Por ejemplo, si hubiese derogado la ley del aborto y emprendido una reforma en profundidad de la ley de educación además de abordar sin timideces la ayuda a las familias y a la maternidad.

La única posibilidad que le queda al PP, de momento, es pactar con Ciudadanos, un partido de centro, escorado hacia la izquierda, que aboga por el aborto… lo cual significa que los defensores de la vida han quedado, definitivamente, huérfanos de partido con capacidad de gobernar. De nada valen los votos de esas formaciones minoritarias que han tratado de recoger las “migajas” dejadas en el camino por el PP. Lo único a lo que se puede aspirar en este contexto es a reforzar los derechos constitucionales, empezando por la libertad de educación que la izquierda quiere abolir. Por ahí tiene que empezar Rajoy la regeneración de su partido. Ya veremos, porque todo termina por verse. M.C.