La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Beato Óscar Romero, modelo de buen pastor

Treinta y cinco años después de ser asesinado mientras celebraba Misa, monseñor Óscar Romero ha sido reconocido mártir y elevado a los altares. Su beatificación ha sido un acontecimiento que ha desbordado con mucho el ámbito local de El Salvador, y también el eclesial. El Beato Óscar Romero es desde hace décadas un referente en América Latina y en todo el mundo en la defensa de la justicia social. La beatificación no sólo ha realzado ese aspecto, sino que el largo proceso seguido ha servido también para depurar su figura de tergiversaciones ideológicas interesadas que distorsionaban la realidad. Ha ayudado, claro está, el paso del tiempo, la distancia con aquellos difíciles años en El Salvador y en otros países de la región, marcados por los golpes militares y la violencia de las guerrillas marxistas. Pero sobre todo ha sido determinante la llegada del Papa Francisco.

El Pontífice argentino no sólo procede de un entorno cultural y social cercano al del Salvador, sino que representa, de algún modo, la superación definitiva de ciertas divisiones y malentendidos en la Iglesia del postconcilio. Visto con esa mirada libre de ideologías, el beato Óscar Romero es Evangelio puro, tanto en su devoción al Sagrado Corazón como en su predilección por los pobres y los oprimidos. Son dos aspectos inseparables, y esto hace justamente de monseñor Romero un modelo de ese buen pastor con olor a oveja que pide el Papa, un pastor que, por no anteponer nada a Cristo, está dispuesto a desgastarse por su pueblo hasta la entrega de la propia vida.