La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Sor Caram desafía al Vaticano y se une a la campaña secesionista de Mas

Janot Guil, en ABC

 

Lejos de amilanarse tras ser apercibida por carta por la nunciatura del Vaticano por su gran «exposición mediática» –«me mandaron callar», resume ella–, sor Lucía Caram, monja dominica de clausura y vida contemplativa del covento de Santa Clara de Manresa (Barcelona), prosigue con su activismo social en favor de los pobres. Y sin privarse de defender posturas políticas en favor del «derecho a decidir».

Ayer mismo, Caram (Tucumán, Argentina, 1966) participó en Barcelona en un acto de campaña con el presidente Artur Mas –del que se declara enamorada»– y con el alcalde y candidato a la reelección por CiU, Xavier Trias. «Yo no pienso dedicarme a la política. Si me invitan a hablar contra la injusticia social, yo voy. He participado en actos con el PNV y si me invitara ERC, por ejemplo, también iría», se justificaba en conversación con ABC.

También ayer, otra monja catalana en el punto de mira de la Iglesia –aunque por ahora sin apercibimiento formal– , la benedictina Teresa Forcades, participó en la campaña de las municipales. Como impulsora de la plataforma secesionista Procés Constituent, protagonizó en Vic un mitin con la CUP, con el que forman candidatura para la alcaldía de este municipio. Esta misma semana, Forcades anunció su intención de encabezar una candidatura de Procés Constituent para aspirar a la presidencia de la Generalitat en las autonómicas del próximo 27 de septiembre. Un gesto, admitió, que le obligaría a solicitar a su orden, en el monasterio de Sant Benet de Montserrat, y este al Vaticano, su exclaustración temporal.

Ante Mas –del que se confesó «enamorada»–, sor Lucía Caram se autodefinió ayer como «una monja cojonera» dedicada al trabajo social, y denunció que el Gobierno de Rajoy ha ejercido presiones ante la Santa Sede para silenciarla. «Pero no lo van a conseguir», advirtió. Mas salió en su defensa y afirmó que «Madrid le quiere meter el ojo» a sor Lucía por su apoyo al soberanismo.

Entre Caram y Mas hay un gran vínculo. Ella trabaja en la Fundación Rosa Oriol de Manresa –de los joyeros Tous–, que lucha contra la pobreza. La vicepresidenta de la Fundación es la esposa de Mas, Helena Rakosnik. «No soy de CiU y soy muy amiga de José Bono, por ejemplo», asegura la monja de origen argentino; aunque da a entender que en las municipales votará al alcalde y alcaldable por Manresa, Valentí Junyent… de CiU.

Semanas atrás, en el convento recibieron una carta del nuncio del Vaticano en España, Renzo Fratini, en la que la apremiaban a no tener tanta presencia mediática. Caram, que suma multitud de apariciones televisivas, tiene un programa propio en el Canal Cocina y ya ha grabado un episodio del programa «La Caja» para Cuatro que aún no se ha estrenado, explica que en la misiva no se explicitaban los motivos del apercibimiento. Pero ella los tiene claros: sus críticas al Gobierno por la gestión de la entrada de inmigrantes en Melilla, afear al ministro Montoro que cuestionara el informe sobre pobreza de Cáritas… Y, según sostiene, por defender el derecho a decidir para Cataluña, con lo que se ha ganado la etiqueta pública de «independentista».

El ministro del Interior, Jorge Fernández, negó en declaraciones a ABC haber presionado «a nadie». Además, asegura que habló de ello con el nuncio y que este se ha mostrado «sorprendido» por las afirmaciones de la religiosa.

El viernes pasado, Caram viajó al Vaticano y fue recibida por el secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, el gallego José Rodríguez Carballo. «Era una visita que pedí yo hace tiempo, antes de la carta del nuncio, y le expuse las críticas y hasta amenazas que había recibido», precisa la religiosa. «Me dijo que hallaríamos una solución», expli-

có a ABC Caram, que reveló que aprovechó la cita para anunciar ante Rodríguez Carballo su próximo objetivo: pedir audiencia con el Papa Francisco. La monja catalana se siente muy próxima al talante del nuevo Santo Padre y apela a él para rebatir a sus críticos: «No se ha enterado de que en el Vaticano hay aires nuevos».

Política al margen, la omnipresencia mediática de Caram no casa con su voto de clausura, pero ella tiene respuesta. «Si se declara un incendio al lado del convento y ves que los bomberos no dan abasto para apagarlo, tienes que salir a ayudar», replica. Su «incendio» es la crisis económica.

La decisión de Caram y Forcades de participar en política podría llegar a acarrearles la expulsión de sus respectivas órdenes. «Siempre es la última opción», precisa a ABC un experto en Derecho Canónico, que explica que para no llegar a esa medida extrema las superioras de sus congregaciones «suelen dar una serie de avisos y advertencias a la persona implicada». La opción de iniciar un «procedimiento jurídico» para determinar si la persona debe ser expulsada es «competencia inmediata» de la propia superiora, aunque también «podría hacerlo el obispo de la diócesis» en virtud de su responsabilidad por «velar por el bien común de la Iglesia».

Lo más habitual es no tener que recurrir a estos procesos jurídicos, sino que sean las propias religiosas las que decidan dejar la orden.

Por ahora, desde el convento de Caram y el monasterio de Forcades no han movido ficha. Tampoco consta que hayan abierto expedientes ni el obispado de Vic, que tiene bajo su jurisdicción al convento de Caram, ni el de Sant Feliu de Llobregat, responsable del monasterio de Forcades. Así lo confirmó ayer a ABC el vicesecretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense, Norbert Miracle, ante el hermetismo oficial de ambos obispados. Asimismo, Miracle afirmó que la Tarraconense no tiene ninguna queja de ambas monjas, aunque, precisó, de haberlas deberían dirigirse a la Conferencia Episcopal.

Del convento de clausura a los platós

Religiosa, cocinera, «culé», activista social, mediática… y a favor del derecho a decidir. A sor Lucía Caram (Tucumán, Argentina, 1966), monja de clausura de la orden de las dominicas, el convento de Santa Clara de Manresa (Barcelona) donde reside se le ha quedado pequeño. Suma decenas de apariciones en televisión, tiene un programa en el Canal Cocina y ha escrito varios libros. Colabora con la Fundación Rosa Oriol (de los joyeros Tous) en la lucha contra la pobreza y nunca se ha mordido la lengua. No quiere dedicarse a la política, pero no duda en acercarse a según qué políticos, como a Artur Mas, con el que ayer participó en un acto electoral. Con el «president» la unen varios lazos». La esposa de Mas, Helena Rakosnik, es vicepresidenta de la Fundación Rosa Oriol. Es partidaria del derecho a decidir para Cataluña y justifica su omnipresencia mediática en que busca despertar conciencias contra las injusticias sociales. Tanto ruido ya ha llegado a oídos de la nunciatura del Vaticano en España, que le mandó una carta con varias quejas recibidas y la instaba a reducir sus apariciones en los medios de comunicación. Ella, a su vez, denuncia presiones del Gobierno a la Santa Sede para que la expulsen y afirma que ha llegado a recibir vía Twitter amenazas de muerte. La semana pasada acudió al Vaticano para explicarse. «Buscaremos una solución», le dijeron desde la Santa Sde. Mientras, no se calla.

Contra las vacunas y por la secesión

Otrora famosa como azote de las multinacionales farmacéuticas por criticar la fiabilidad de las vacunas contra la gripe A, y por censurar a la Iglesia por su supuesta misoginia, la monja benedictina y médica catalana Teresa Forcades (Barcelona, 1966) dio en 2013 su salto a la política. Junto al economista Arcadi Oliveres –referente del 15-M y presidente de la ONG católica Justícia i Pau–, impulsó la plataforma Procés Constituent (proceso constituyente), que defiende una consulta sobre la independencia de Cataluña y aboga por la «República catalana». Forcades quiere optar a la presidencia de la Generalitat en las próximas elecciones autonómicas del 27 de septiembre. Para las municipales, su plataforma se ha aliado a Ada Colau, en Barcelona, o a la CUP, como en Vic.