La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Luchemos por nuestras familias

Por Mónica MUÑOZ

“Yo daría la vida por mis hijos”, es una frase muy loable, que podríamos colocar en labios de cualquier padre o madre abnegada, como los hay millones en el mundo.  Y creo que no exageran.  Los medios de comunicación, que constantemente nos bombardean con malas noticias, en ocasiones también alegran nuestra vista y oídos con algunas notas de héroes y heroínas anónimos, que dejan de lado su seguridad por la de sus retoños.  Recuerdo que no hace mucho pude constatar que durante una catástrofe natural, rescataron un bebé recién nacido de entre los escombros que había sobrevivido con la leche de su madre muerta, quien lo había envuelto con su propio cuerpo al ver que caía sobre ellos  el edificio en el que estaban.

Sin embargo, también es cierto que existen algunas personas que nunca debieron ser padres.  Me consterna saber que se encuentran niños en la basura, o encerrados en sus casas sin alimento o maltratados por causa de la desesperación, total, que en lugar de cuidar a los pequeños que dependen de sus padres para todo, se ven agredidos por ellos mismos.  Eso no lo puedo tolerar y me entristece que tales situaciones se den frecuentemente, lo que atribuyo a una absoluta falta de preparación para enfrentar un embarazo, sobre todo en las adolescentes que cada vez inician su vida sexual a edades más tempranas.

Por eso considero que la sociedad entera debe involucrarse de lleno en el tema de la familia, el cual se abordará en el Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Philadelia, Estados Unidos, del 22 al 27 de septiembre de 2015, donde acudirá el Papa Francisco, quien constantemente habla sobre el enorme valor que tiene esta institución, tradicional y naturalmente conformada por madre, padre e hijos.

Porque en la actualidad, es necesario confrontar las desventajas que encaran las familias monoparentales, sobre todo porque al padre o a la madre les toca hacer el trabajo de dos personas, labor más que ardua porque muchas veces no tienen los apoyos necesarios para sobrellevar los problemas que se van presentando durante los años más difíciles de los hijos, no sólo en el aspecto económico, sino, sobre todo, en el afectivo, que, finalmente, se convierte en el problema central para el desarrollo de seres humanos sanos física y mentalmente.

Por eso el Papa insiste en que “hay que revalorizar el matrimonio y la familia”, esto conlleva que las parejas que van a comprometerse al matrimonio y a formar una familia estén conscientes de la enorme responsabilidad que se echarán a cuestas, procurando sanar todas las heridas que pudiesen infligirse, otorgándose amor y perdón constantes y aprendiendo a ver lo bueno en el otro y recordar por qué se enamoraron.

Una de las frases más bellas que se han destacado de sus discursos sobre el hombre y la mujer, donde menciona que son seres hechos de la misma sustancia y que son complementarios, creados por Dios para dar origen a la familia, la dijo el 22 de abril de 2015: “para encontrar la mujer, el hombre primero debe soñarla, y luego la encuentra.”

¡Qué imagen más bella para describir la relación entre la pareja!  Considero, pues, que si atendiésemos a la urgencia de rescatar el matrimonio de las garras de la separación y el divorcio aseguraríamos un mundo más justo, pues el seno familiar es la primera escuela en la que los hijos aprenden a amar, a respetar y a ser tolerantes con los demás.

Por lo tanto, pienso que la mejor manera de “dar la vida por los hijos” es procurando día a día amar al cónyuge, pues de su ejemplo de comprensión y cariño mutuo aprenderán sus descendientes.  Los valores más fuertes se siembran dentro de la familia, por ello no debe sorprendernos que los adolescentes y jóvenes que provienen de familias rotas y padres divorciados no tengan las bases necesarias para construir una familia perdurable.  Gracias a Dios, hay muy honorables excepciones, pero definitivamente, se tienen mayor probabilidad de éxito cuando la familia permanece junta,  que separada y dolida por la desintegración.

Pongamos en manos de Dios nuestras familias y luchemos por ellas.