La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Lo que voy a votar. Puedo decirlo, ¿no?

 

magdalenadelamoMagdalena del Amo

Las campañas electorales siempre son movidas, incluso cuando se pacta “no me saques esto y no te saco lo otro” –en general, casos de corrupción, ¡qué casualidad!— o temas ya olvidados como el pacto antiterrorista o la ley de partidos. ¡Dónde queda eso! Pero esta campaña está resultando muy fructífera, porque los partidos llamados emergentes, a los que solo conocíamos de visita, han invadido nuestras casas, se han quitado la careta y hemos podido ver las miserias que encierran sus guapas caras. Es lo que tiene la convivencia. Estos días estamos viviendo una suerte de relaciones prematrimoniales o una parodia de “quién quiere casarse con mi hijo” y hemos decidido, definitivamente, que no nos casamos. Con ninguno.

A los de Podemos ya les habíamos visto el rabo –demasiado peludo para pasar inadvertido—pero nunca creímos que tuvieran tantas trampas personales, más allá de las financiaciones de Venezuela e Iraq, que ya es bastante. Tampoco imaginábamos que les iba a estallar la bomba en las manos tan pronto. Ignoro si la mecha ya estaba preparada y quién le dio al chisquero. Lo cierto es que, a medida que avanza la campaña, parecen perder fuelle.

UPyD nunca dejó de ser el partido de Rosa Díez, quien hizo y deshizo desde el principio hasta conseguir la escombrera que tiene ahora a la puerta de su casa. ¡Debe estar contenta!, uno más, y gestora al canto. Aparte de entregarle el gobierno del Principado a los corruptos socialistas, y otras trapacerías de política resabiada, la señora Díez ha ido cortando cabezas a todo aquel que osase llevarle la contraria. Conozco el caso de Ourense muy de cerca, donde había conseguido candidatos de primera, profesionales de los que van a la política a perder dinero y a servir, que incluso pusieron sus cuentas corrientes a disposición, porque había que arrimar el hombro. No duraron ni una legislatura, porque la rubia vasca quería mangonearlo todo.

Ciudadanos ha sido el gran descubrimiento. Nacido por necesidad, contra el nacionalismo/independentismo catalán, traspasó fronteras y quizá haya sido uno de sus males. Ante un gobierno decadente y a falta de alternativas, subió como la espuma. Es el ejemplo práctico de los vasos comunicantes. Pero su ascenso no fue debido a méritos propios, sino a la caída en picado de un Partido Popular que ha utilizado la mayoría absoluta para pasar el rodillo y no para gobernar como Dios manda y prometió. Ciudadanos se ha visto como una alternativa moderada a una derecha cada vez más ambigua.  Pero todo lo que crece mucho y rápido tiende a caer, como el suflé. Ciudadanos falla por la cimentación y les viene grande España, de cuya historia, la mayoría desconoce pasado y presente. Lo hemos podido comprobar en estos días de campaña, que, desde luego, no están aprobando el examen. Sus ocurrencias no las supera ni Zapatero en los mejores momentos. Lo de la bombilla de Sebastián se queda en nada, al lado de las soluciones habitacionales de no más de dos por habitación. Con inspección del ayuntamiento y todo. No es de extrañar que las familias numerosas hayan protestado. ¿Tendrían que vender las literas y dar a los niños en adopción? Todo esto no son más que sueños de adolescentes que juegan a cambiar el mundo, en este caso a hacer política. Y encima, todos los “ciudadanitos” deben ser menores de cuarenta. Yo creo que Albert Rivera está pensando en el Guinness, más que en otra cosa, si no, no se entiende el disparate. ¡Como si la actitud tuviera que ver con la edad! Según su lema, muchos estamos ya inhabilitados para la política, es decir, nos discrimina por razón de edad. No es muy constitucional, que digamos. Entre una cosa y otra, la campaña de los catalanes se les está haciendo más cuenta arriba de lo previsto, en el sprint final.

Mientras Ciudadanos se destruye a sí mismo y pierde fuelle, el Partido Popular recupera fuelgos y vuelven a sentirse los reyes del mambo. Puede que tengan razones para ello, sobre todo, desde la salida a escena de Aznar y su petición de vuelta al redil de los desertores. Es posible que muchos hijos pródigos vuelvan a casa, aunque ni sea navidad si se les agasaje con el ternero gordo. Si así fuera, el batacazo no sería tan estrepitoso como se esperaba, sobre todo, en las municipales, donde se vota al vecino con el que se comparte el café de las once.

A Rajoy no lo quieren ni en pintura, pero él, erre que erre, insiste en tener presencia en los mítines, para mal de los candidatos, que se ven obligados a sufrir abucheos y pitidos. En Oviedo le dieron para el pelo, pero después de los huevos de Santiago, por aquello de los hilillos, el gallego aguanta lo que le echen. Lo que no me explico es que Esperanza Aguirre se haya prestado al paseo en bici. A ella no le hace falta. Gana más votos paseando con Pecas, o sola.  Creía que al Presidente le gustaba el ciclismo de verdad, pero parece que aboga por la bicicleta eléctrica. Yo creo que Rajoy esperaba salir volando por los cielos como ET, huyendo de todos los conspiradores que quieren arrebatarle su más que preciado sillón. Con un prodigio así, ¿quién iba a atreverse a cuestionarle? Ni los de fuera ni los de casa. Pero esas cosas solo ocurren en Hollywood. A ver qué pasa el 24M, pero o los resultados son medianamente buenos, o tendrán que buscar candidato para las generales si no quieren que se convierta todo en una piltrafa.

Vox, a pesar del nombre no tiene voz, gracias al Partido Popular que se ha encargado de presionar para que le cierren todas las puertas. Espero que a pesar de todos los ninguneos y zancadillas tenga los votos de los nostálgicos del Partido Popular anterior al congreso de Valencia. Los que quieren el PP de antes, y no esta cosa ambigua y masónica, tan parecida a los socialistas, y, en algunos puntos, a Podemos.

Yo voy a votar a Vox, porque mi conciencia me dicta que es lo mejor para España. Puedo decirlo, ¿no?