La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cristina Cifuentes y Pablo Iglesias, en lo esencial, son lo mismo

magdalenadelamoMagdalena del Amo

No sé si los rodillos de la apisonadora de la exdelegada del Gobierno en Madrid, lograrán llegar hasta este pequeño rincón de libertad, creo que no, aunque el traje de dictadora le queda a Cristina Cifuentes mucho mejor que cualquier modelo de Armani. Ignoro si su afán por el ordeno, mando y atropello es de nacimiento o le viene por haber tenido su dedo sobre la Policía durante los últimos tres años. No es de extrañar que padezca algún tipo de síndrome, derivado de ese poder caído del cielo de Rajoy.

No creo que su tiranía consiga ahogar el grito de mis palabras defensoras de la vida, mi eco contra el aborto y la Cultura de la Muerte con todos sus flecos, que tan bien defiende la progre y rubia pepera de Madrid. Los de HazteOír, apenas asomaron su autobús azul con el eslogan “Si votas Cifuentes, votas aborto”, la rubia laicista presionó a sus múltiples contactos y enseguida la Junta electoral central y sus otrora súbditos policías, retiraron la “ofensiva” campaña. Una vez más, la fuerza se impuso y reinó el orden del desorden. Cifuentes defiende el aborto pero no quiere decirlo abiertamente, prefiere recurrir al uso de eufemismos, sobre todo ahora que estamos en campaña y faltan escasos días para los comicios. Su talante laicista es viejo, y si por ella fuera –como por otros muchos—, en el partido de la derecha todos llevarían mandil. El PP modernón de ahora, que tanto se parece a los socialistas es el que le mola a Cifuentes. No le gusta lo cristiano, y cree que la antropología natural está anticuada y que ahora los niños deben pedirse a la carta e incluirse en la categoría de “caprichos”, apetencias o estatus. Por eso, en aquel congreso celebrado en Sevilla, lejano ya –aunque no tanto como el de Valencia—, cuya ponencia establecía que el partido estaba inspirado en los valores del humanismo cristiano, ella, en compañía de otros, quiso amputar esta última palabra, y dejar el texto como “humanismo occidental o europeo”. El analfabetismo no puede ser mayor. La ignara aspirante a la Comunidad de Madrid debe creer que el humanismo occidental nos llegó de la mano de los turcos. ¿Habrá oído esta señora hablar de Clodoveo y de Carlomagno? ¿Sabrá quién es el famoso trío compuesto por Schuman, Adenauer y De Gasperi, que siglos después abogó por los valores cristianos como manto de la economía y la unión entre países?

Cifuentes se ha posicionado no solo a favor del aborto, sino en pro de la ley de Zapatero sobre el matrimonio homosexual, recurrido por el PP ante el Tribunal Constitucional. Es partidaria de la adopción por parte de los homosexuales, de la maternidad subrogada –que, de momento, prohíbe la ley española—y de eliminar los viejos clichés propios de partido conservador y obsoleto. Estas ideas provenientes de las políticas de la ONU –una de las organizaciones más corruptas del mundo— han traído la absurda y destructiva modificación en el Código Civil de los términos padre y madre, por progenitor A y progenitor B, y esposo y esposa por cónyuge 1 y cónyuge 2. Una maldad frívola enmarcada en el proyecto de ingeniería social del feminismo/laicismo de Zapatero. Conclusión: como reza el título del artículo, en lo esencial, que es la defensa del derecho a la vida, entre Cristina Cifuentes y Pablo Iglesias, o entre el PP y Podemos no hay diferencias sustanciales.

Zapatero, aparte de hundirla económicamente, ha desestabilizado moralmente a la sociedad española –cosa mucho más difícil de revertir—, y Rajoy ha coronado su obra demoledora. A estas alturas, hemos interiorizado que abortar es lo corriente, si conviene –en clínicas subvencionadas con dinero público—, lo mismo que va siendo común que los gays adopten niños. Y como el sistema tiene sus métodos de adiestramiento borreguil, la incursión en los medios de comunicación de parejas de homosexuales famosos hablando de su alquiler de vientres no es casual, aunque sí patético, muy patético. Convendría recordar que abortar es matar a un ser indefenso. En cuando a la adopción por parte de los homosexuales, hay que aclarar que es el niño quien tiene el derecho a ser adoptado y a crecer en un hogar con un padre y una madre. No son los padres los sujetos del derecho, sino el menor. Un niño nunca debe ser ni un capricho ni una adquisición para colmar una enfermiza necesidad de la moderna sociedad de consumo.

En fin, visto lo visto, a la hora de votar, hay que huir de los lobos, y mucho más de los lobos disfrazados de cordero. De aquellos nos podemos defender porque estamos en guardia, pero estos, como atacan por sorpresa, siempre nos pillan desprevenidos. Y así pasa lo que pasa.