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Los secretos de la Sábana Santa

La Vanguardia

Los pliegues de una vieja pieza de lino de edad difusa, de cuatro metros de largo por uno y pico de ancho, guardan la impronta de un hombre yacente con signos de haber sido torturado y crucificado. Es la Sábana Santa, la Sacra Síndone, un tejido que para un gran colectivo de creyentes católicos es la mortaja de Jesús de Nazaret con su imagen impresa mientras que para otros es un habilísimo montaje medieval. En cualquier caso hay una opinión unánime en torno a este lienzo que se expone en la catedral de Turín hasta el próximo 24 de junio: se trata un enigma arqueológico apasionante que hasta ha creado a su alrededor un campo especifico de estudio: la sindonología. Su atracción es tan grande que cada vez que se expone, la denominada Ostensione, los que acuden a verla se cuentan por millones. Para verlo este año quedaban pocas plazas el viernes pasado ya que la visita funciona con previa cita.

Cada vez que se produce su exhibición, la Santa Sábana se convierte en noticia. Esta vez, tal como publicábamos pasado el jueves día 7, se debió a la iniciativa de la policía italiana que ha reconstruido la imagen de un hipotético Jesús niño a partir del rostro que se percibe en la Sábana Santa, usando para ello las técnicas informáticas con las que se montan los retratos robot de mafiosos o desaparecidos. En este caso, la policía realizó el proceso a la inversa y partiendo del hombre con barba y pelo largo que se observa en el lienzo de lino llegó a la imagen de un niño de unos 10 años, de piel morena, pelo rizado y castaño claro, nariz alargada y labios finos. De nuevo el misterio de la Síndone estaba servido.

Como fórmula para situarlo, este enigma puede dividirse en tres grandes piezas que, sumadas, componen un rompecabezas que aún no ha encajado. Estas serían; el origen del lienzo, la formación de la imagen y la identidad del hombre de la sábana.

El origen tiene una cronología que para seguirla es preciso acudir al los Evangelios que es donde se lee que tras la muerte de Jesús en la cruz, su cuerpo fue depositado en un sepulcro recién construido y envuelto en un lienzo de lino, todo ello siguiendo el ritual judío. Después de la Resurrección se halló vacía  la cueva-sepulcro y el sudario, es decir, la Sábana Santa que habría quedado en su interior. Y aquí comienza una de las controversias, pues para unos la pista del lienzo se pierde para siempre y nunca ha sido hallado mientras que otros aseguran que lo recogieron los cristianos los cuales lo habrían custodiado hasta el siglo IV, momento que reaparecería en la mítica Edesa, hoy Sanliurfa y antes la gloriosa Urfa, en la Anatolia Suroriental turca. En aquel tiempo, los cristianos de Edesa veneraban o comenzaron a venerar una imagen de Cristo que podría ser un rostro enmarcado que se percibía a duras penas. A esta imagen le llamaron el Mandylion y en ella se apoyan los defensores de la autenticidad histórica de la Síndone pues aseguran que se trataba de la mortaja de Jesús doblada de tal forma que formaba un rectángulo que sólo mostraba la cara. El relato del Mandylion se complementa con la historia de que los cristianos habrían sacado la Síndone clandestinamente de Jerusalén debido a que no podía ser reverenciada por problemas de culto. Para los detractores de este episodio, el Mandylion era una simple pintura, la primera que le puso cara al Nazareno.

El recorrido de los que defienden la ruta de Jerusalén a Edesa, señalan a Constantinopla, hoy Estambul, como siguiente etapa del lienzo ya que hay documentación que, aseguran, habla de la entrega del Mandylion a la capital bizantina hacia el 944 dc. Dicen los sindólogos que las homilías de entonces en Santa Sofía ya anunciaron la llegada de la imagen de Jesús e incluso describieron las lesiones de cuerpo entero que sólo se aprecian en la Síndone desplegada y no en el Mandylion.

Esta cronología da un gran salto cualitativo en 1357 cuando el caballero francés Godofredo de Charney llega a Lirey, en el Aube (Francia), con una reliquia de lino que se dice que tiene impresa la figura de un hombre. Este es el momento en el que los detractores de la Síndone dicen que se produjo la falsificación y argumentan distintos destinos para la reliquia de Constantinopla, reforzando así su conclusión de que se trata de un montaje. Pero los sindólogos se reafirman aduciendo la condición de Cruzado del caballero salvador de reliquias de Constantinopla.

El lienzo estuvo en Lirey y luego se lo llevarían a Lieja (Bélgica), de ahí a Chambéry (Saboya, Francia) y finalmente a Turín como propiedad de la Casa de Saboya que finalmente la donaría al Vaticano. Fue en Turín en 1532 cuando la Sábana se quemó parcialmente en un incendio, formándose entonces esas peculiares marcas paralelas que asemejan unos candelabros. Aquel fuego no quemó demasiado la figura pero sus efectos han sido en tiempos modernos motivo para discutir la validez de las dataciones por carbono 14 que alejan la tela del Siglo I y la llevan hasta los tiempos del cruzado Godofredo de Charney.

La formación de la imagen, segunda pieza de este imaginario rompecabezas, es sin duda el mayor enigma que encierra la Síndone. Los fieles y curiosos que acuden estos días a Turín se topan con una gran tela de 436 por 113 centímetros colocada en sentido horizontal en la que se aprecian bien las quemaduras mencionadas y unos claroscuros y manchas en los que con paciencia se adivina la figura de un hombre, de frente y de espaldas. Pero la visión clara y a simple vista de lo que esconde el lienzo se debe a una casualidad. En 1898 el abogado italiano, Secondo Pia, fotógrafo de afición, obtuvo permiso del Papa para fotografiar la tela y cuál sería su sorpresa al ver en su negativo un perfecto positivo en el que apreciaba, por fin, perfectamente, la figura del hombre del lienzo. Su foto revolucionó el mundo de la Síndone pues ya no había que imaginar nada para ver a un hombre yacente con signos evidentes de tortura.

¿Cómo se formó aquella imagen que, en cierto modo, había permanecido oculta hasta que una técnica nueva la había rescatado? No fue hasta 1978 cuando hubo una gran comisión científica denominada STURP, las siglas en inglés de Shroud of Turin Research Project (Proyecto de investigación de la Sábana de Turín) que trató de determinar la formación de la imagen. Se usaron los medios técnicos más avanzados cedidos por la NASA y descartaron que se tratara de una pintura. Añadieron que creían que tampoco se había formado por contacto con el tejido o por roce pues la imagen tiene profundidad. Por lo tanto, lejos de aclarar el asunto se puede afirmar que lo complicó al dejar como salida -para los escépticos- la idea de una foto medieval hecha con una rudimentaria cámara oscura, albúminas y sales de plata. Sin embargo esa posibilidad, aparentemente alejada del milagro de la Resurrección, propone un sinfín de interrogantes –¿dónde está el foco de luz? por ejemplo- además de plantear que se trataría de la primera foto de la historia, captada en formato gigante en pleno siglo XII a un hombre que reproduciría lesiones casi idénticas a las que se atribuyen que padeció Jesús en su Pasión y muerte. Aparte que hoy en día, usando los mismos elementos, sería muy difícil lograr una “foto” semejante. Todo un reto.

Otras investigaciones posteriores tampoco han arrojado resultados definitivos. Así, en 2013, científicos de la Universidad de Padua usaron técnicas forenses para comparar las fibras de la Sábana con muestras de antiguas y determinaron que el material sí se podría haber fabricado en una época que correspondería a Jesús. Esta reciente investigación contradice el estudio realizado en 1988 por el Museo Británico, que utilizó la datación por carbono 14 para examinar la tela y que apuntaba que el supuesto sudario de Cristo, con la imagen de un supuesto hombre barbudo con heridas visibles por haber sido crucificado, realmente se hizo en la Edad Media, mil y pico años después de la muerte del Nazareno. Sin embargo, los científicos de la Universidad de Padua afirmaron que aquellos los resultados no eran válidos debido principalmente al paso de los siglos. En definitiva, otro punto sin aclarar.

Quién es el hombre del sudario es la tercera incógnita. Ni la Iglesia, ni los miembros de los Institutos de Sindología consultados afirman directamente que sea Jesús. Sin embargo, se acercan pues dicen, basándose en el trabajo de STURP, que se trata de un hombre crucificado, judío, del Siglo I, que llevó un casquete de espinas y no una corona, que fue flagelado, que fue clavado por las muñecas, que tiene un lanzazo en el lado contrario al corazón y que el lienzo está manchado de sangre. Y, a partir de esos datos que cada uno piense lo que quiera. Los detractores contestan aduciendo que se trata de una figura mal moldeada, que no cumple bien las proporciones humanas y que la mancharon de sangre para darle mayor realismo. Pero ninguno niega que se trate de un objeto arqueológico extraordinario.

El tejido

Durante junio y julio de 2002 se procedió a la restauración de la Sábana Santa. Retiraron treinta parches que habían sido cosidos al lienzo por las hermanas clarisas (de la Orden de Santa Clara) en 1534 para reparar los daños que había sufrido durante el incendio de 1532. Este hecho permitió ver por primera vez sin restricciones los agujeros producidos por las quemaduras. Alguna de las zonas que se chamuscaron más seriamente se retiraron también durante la restauración parece que para facilitar el cosido en el reverso de la Sábana de una nueva tela-soporte de la Síndone. La tela-soporte original (conocida como tela Holland), que se añadió al mismo tiempo que los parches, también se retiró y se cambió por otra nueva de color más claro, que ahora puede apreciarse a través de los agujeros quemados. Los pliegues y arrugas de la Sábana fundamentales para seguir su evolución en opinión de los sindólogos siguen igual. Estos pliegues y arrugas sirven para determinar cómo estuvo doblada a través de los siglos y constituyen una pista importante para los historiadores.