La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Algunas claves de la crisis familiar hoy

 

 Pedro Beteta, teólogo y escritor.-

Como reza el título de estas líneas exponemos algunos enfoques filosóficos claves que enmarcan la crisis de la familia. No se pretende hacer nada exhaustivo en tan poco espacio de papel. Se trata de algo parcial –“algunas claves”– y más bien con una finalidad enunciativa.

La primera de ellas es el rechazo del realismo.

Una de las causas que a simple vista no se ven por la lejanía de varios siglos, en el horizonte filosófico pero con vigencia actual es el rechazo del realismo. Descartes dio un giro copernicano, incoado siglos antes por el nominalista Ockam, conduciendo la filosofía hacia el idealismo. En esas seguimos estando. Permanecen activos esos cráteres inmanentistas de querer crear la realidad con nuestro pensamiento. Es lo del principio, es lo de siempre: ser como dioses. Permanece la soberbia de superar al Creador haciendo buenas las cosas con mi voluntad; yo hago buenas las cosas. No aceptamos que Dios no elige lo bueno, hace bueno lo que elige. Nosotros queremos ser igual. ¿Desde cuándo el Creador se identifica con la criatura?, ¿el árbol con su sombra? A lo más… trasmite un pálido parecido y si hay luz.

La desconexión entre la realidad y el pensamiento conduce a la inseguridad de poder alcanzar la verdad. Esta falta de seguridad en la verdad de las cosas desemboca inexorablemente en el relativismo. Es el para mi no es malo. Yo te respeto. Si tú piensas así no lo hagas, pero respeta mis ideas. De este modo “justifica” el idealismo la postura subjetiva y hace de su pensamiento un dogma personal irrebatible para cobijar el “divorcio”.

Es el desprecio a la naturaleza de las cosas. Las cosas son como son al margen de cómo yo las vea o quiera que sean. Se ha perdido el respeto metafísico del ser de las cosas y en consecuencia de su obrar. El obrar sigue al ser, no al revés. Primero las cosas son y son de una manera, y después, de acuerdo a esa manera de ser, actúan. Un ejemplo: ¿la hierba es buena o mala? ¿Es buena para comer o no? Depende de la naturaleza de quien la coma. Para un rumiante, la vaca por ejemplo, es algo bueno pero para el hombre que las cuida es muy indigesta. Las cosas son buenas, por tanto, en relación con la naturaleza de las cosas.

El positivismo jurídico.

Otra de las causas de la crisis actual familia se encuentra en el positivismo jurídico. Las leyes para ser justas han de ser racionales; es decir, conforme a la recta razón. Las leyes han de defender la vida y no al revés. La realidad vital no debe acomodarse a la ley humana. No fuerza el sastre a que su cliente vaya encorvado para que le “caiga bien el traje”, debe el sastre corregir la hechura para que se adecúe al cliente. Pues igual. Si no es así el legislador pierde las referencias estables sobre el hombre y la objetividad de lo que es bueno. Entra en juego el sociologismo, la mano alzada, las estadísticas, etc., pero no se tiene el modelo delante: el hombre. Por ejemplo si el Estado ve igual el matrimonio que la cohabitación de una pareja del mismo sexo no atiende a lo que las cosas son sino que se ampara en una aparente cuestión formal. “Hay quien lo ve de otra manera y no puedo imponer un modelo porque todo es relativo”, dicen.

Esta altivez de querer ser “como dioses” homologando las leyes humanas a las divinas –en realidad dejan de ser leyes para ser leguleyas–, hace que dichas “legislaciones” no solamente dejen de obligar sino que han de ser combatidas con la desobediencia.

El relativismo moral

Junto a esto aparece otra causa más en la situación crítica familiar de hoy: el relativismo moral. Como consecuencia de dudar sobre la capacidad de alcanzar la verdad y dar la espalda a la Verdad que nos revela con certeza quienes somos, de dónde venimos, adónde vamos, etc., se abre paso un relativismo moral y el individuo se muestra como absoluto. El hombre es ciertamente un absoluto por su dignidad, pero un absoluto-relativo; en cambio Dios es el Absoluto-absoluto, como lo llama Cardona. El relativismo permisivo suele desembocar en el totalitarismo con facilidad. La opción relativista escamotea el fundamento objetivo de la realidad entera y, por tanto, también de la persona humana y del sentido de la diferenciación sexual.

La libertad como pura indeterminación

Por último queremos destacar, entre otras más causas de la crisis en la familia, ésta: entender la libertad como pura opción. Es decir como pura indeterminación. A más indeterminación más libertad, lo cual es una falacia y, por tanto, una falsedad encubierta. Es verdad que la libertad hace referencia a una cierta indeterminación, puesto que es capacidad de autodeterminarse para obrar o no y en el caso primero, para hacerlo de una manera o de otra entre varias posibles. Pero la libertad no es esencialmente eso, indeterminación. No puede ser la libertad sólo y exclusivamente indeterminación.

No es más libre, mejor escritor quien no sabe qué palabra escribir y tacha a cada dos por tres. No es más libre el ciego que posee una gran indeterminación para caminar hacia cualquier sitio que el que ve y elige la dirección adecuada hacia la puerta que le de acceso a su destino. Es libre el que ante la indeterminación posee capacidad para decidir y determinarse por lo correcto. Es más libre el escritor que escribe de corrido con perfección y el vidente que conoce los destinos de los caminos merced a su conocimiento de ellos o al mapa por el que se orienta. La libertad como escribió Ruíz Retegui es “una síntesis singular de determinada indeterminación”. Para optar correctamente es necesario formarse bien la conciencia y ésta, al ser norma subjetiva de la Ley, enjuiciará a su caso particular la norma general. La naturaleza de las cosas no sufrira merma así.

La realidad muestra que el hombre es un ser inacabado. Hombre desde que nace pero no lo es en plenitud. Debe desarrollarse en un dinamismo de actos que le hagan ser cada vez más hombre, mejor persona, etc., mediante el uso correcto de su voluntad eligiendo el bien y haciéndolo. Dios respeta la libertad de su criatura, que al ser creada “a su imagen y semejanza” participa de la Libertad divina. Dios es libertad absoluta, el hombre participa en un pequeño grado de ella y acertará siempre que respete la verdad que ilumina su naturaleza. Cada vida es una biografía escrita con actos creadores de libertad pero será una novela de amor divino si se hace a la luz de la verdad de Dios sino será una tragedia. Hay quien como Santa Teresa de Jesús, Patrona de las Misiones y Doctora de la Iglesia morirá a los 23 años tuberculosa en la soledad de un convento, sufriendo por amor a Dios y hay quien lo también morirá a la misma edad en el ensordecedor bullicio de una discoteca por… sobredosis de heroína.

Pedro Beteta López, Teólogo y escritor