La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La teología de la iberación, analizada por Ettore Gotti

Como católico y como economista, no académico, siempre he pensado, y reconocido que la pobreza moral debería ser erradicada antes, con el fin de erradicar la pobreza material. Pensaba, recordando las enseñanzas de mis maestros de doctrina (jesuitas) que el origen del mal, la miseria, se encontraba en el pecado que crea la codicia, el egoísmo, la indiferencia, etc.

Leyendo el libro documento de Julio Loredo aprendo que la conocida como “Teología de la Liberación” afirma prácticamente lo contrario, que superando la pobreza material se vence la pobreza moral. Pero no sólo, aprendo que la desigualdad en el reparto de los recursos es el origen de todos los males, incluso me atrevería a decir que del mismo pecado. Ay! Este libro debe ser leído y discutido, máxime en este momento de la historia, pero al terminar su lectura me pregunté si era “sólo” un análisis de Teología de la Liberación, o un estudio analítico del proceso de descristianización que se desarrolla y transforma en los tiempos de la historia

Me hace pensar, incluso si es apropiado evaluarlo desde un punto de vista “económico”, y me respondo diciendo que no. La materia de este libro es sobre todo “teológica y apologética.”

Se refleja que el capitalismo (como sistema económico) es un signo de contradicción, ya que produce la riqueza y el bienestar material para muchos, pero confunde a los que no han adquirido capacidad de discernir el significado de la vida y las acciones y no consideran que la economía es sólo un medio para otros buenos fines. El socialismo marxista-progresista (siempre como sistema económico) en cambio no tiene contradicción en sí, ya que produce simultáneamente el malestar material y moral. No hay que confundir ni engañar. Oír a teólogos defender el socialismo duele. El autor propone reflexiones sumamente didácticas sobre estas “ilusiones”, cito una referida a las grandes revoluciones en la historia de Occidente: “los (teólogos) progresistas del siglo XIX vieron la historia moderna como una sucesión de” liberaciones “: El Humanismo liberaría al espíritu humano del pensamiento escolástico; El protestantismo liberaría a la humanidad del absolutismo papal; la Ilustración liberaría a razón de la tiranía de la fe; la Revolución Francesa liberaría a los ciudadanos del despotismo de los reyes; y ahora el socialismo está a punto de liberar al proletariado de la opresión de los patrones”.

Pero los teólogos progresistas, en vez de irse rápido a confesar y hacer ejercicios espirituales, veían en este “movimiento social” la “reconciliación de la Iglesia con el mundo moderno, la democracia del Papado (Abbé Felix Klein en Iglesia y Democracia, 1893).

Los Papas, en cambio, cuando valoraban estas teorías, buscaban entender lo que fuera coherente y correspondiente con el orden natural. Así los papas condenaban el socialismo y el modernismo y aprobaban algunas de las propuestas de la economía de mercado. Pero los teólogos progresistas no. Será por eso que tantos teólogos democristianos, como Romolo Murri, invitaban a “liberar la religión católica de viejas superestructuras”, alabando naturalmente al modernismo como el nuevo catolicismo del mañana.

El catolicismo liberal modernista, que afirma la soberanía de la conciencia individual, emancipando la persona del orden sobrenatural y moral, generaba mientras tanto la “Nouvelle Theologie”, como la definió, condenándola, Pío XII, de la que nace, explica el autor, la Teología de la Liberación.

El autor hace un interesantísimo paralelismo con la corriente filosófica del momento, el existencialismo: Esta moda filosófica afirmaba que no es la esencia la que de significado a la existencia, sino al contrario. Como decir, que quizá diría el cardenal Kasper, que no es la doctrina la que da significado a la práxis, sino la práxis la que da significado o sentido a la doctrina.

Pero volvamos a la consideración del autor sobre la teología de la liberación: Con mucha elegancia, además de competencia evidente, la liquida desde el principio definiéndola no como una teología propiamente dicho, siendo la teología el estudio de Dios, sino que se ocupa de estudiar “movimientos socio políticos para la liberación de la sociedad oprimida”, logrando transformar la Revelación en el evolucionismo de la verdad. Pero quizás incluso aún peor, porque su teólogo de cabecera, Leonardo Boff, la caracteriza como “Lo que proponemos no es teología en el marxismo, sino marxismo, materialismo histórico, en la teología.”

Yendo más adelante descubrimos que los teólogos de la liberación han revolucionado también las sagradas escrituras, escribiendo el “Novísimo Testamento”, me ha intrigado mucho leer que, para ellos, la Biblia es la historia de la lucha de la subversión de los pobres: “El Antiguo Testamento fue escrito por un pueblo oprimido, el NuevoTestamento de la vida de Jesús, pobre en Nazaret. Y los pobres de hoy escribimos el Novísimo Testamento con nuestras vidas .. “. He dejado de estar intrigado y he empezado a estar preocupado al ver que, para que esta ‘teología’, la virtud consiste en trabajar en actividades revolucionarias, no en seguir los Mandamientos y la santidad no consiste en luchar contra el pecado sino en luchar contra el capitalismo, así como la conversión pasa por liberar a los pobres y los explotados.

Para mí todo sería suficiente, si no fuera porque el ecologismo, como una religión universal, encuentra su fundamento también en la Teología de la Liberación (la Revelación Ecológica). Por lo tanto no hay que subestimar esta teología como algo latinoamericano, lejos de nosotros, más bien os invito calurosamente a profundizar en serio a través de la lectura de este ensayo de Julio Loredo.

Comentario al libro “Teología de la Liberación”, de Julio Loredo, por Ettore Gotti Tedeschi. Traducción de INFOVATICANA