La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Son hermanos nuestros….

De nuevo, y de una manera terrible, el fenómeno de la inmigración ha vuelto a la actualidad en forma de tragedia. Un pesquero que partió de Egipto, con unos 700 inmigrantes a bordo, se hundió en la madrugada del domingo al norte de la costa de Libia, causando una de los mayores desastres humanitarios que ha conocido el Mediterráneo.

Aquellas luminosas palabras del Papa Francisco, precisamente en Lampedusa, en julio de 2013, nos vienen ahora a la memoria y nos interpelan directamente al corazón. Lo que está sucediendo es una vergüenza y hay que seguir clamando a la comunidad internacional para que no se vuelva a repetir un drama como éste; para que, entre otras cosas, las personas no se vean empujadas a este tipo de situaciones y puedan ejercer el derecho a no emigrar.

El Papa ha vuelto este mismo domingo a recordarnos que eran hermanos nuestros que buscaban una vida mejor. El mar, que es fuente de vida, y que debería ser para muchos una vía de esperanza, se está convirtiendo en realidad en un inmenso cementerio. ¿Quién es, una vez más, el responsable de la sangre de estos hermanos que han muerto? Podemos mirar para otro lado y ser protagonistas de esa cultura del descarte, que tiene como bandera la que el Papa Francisco llama con acierto la “globalización de la indiferencia”. O bien podemos recuperar el sentido de la responsabilidad fraterna y rezar, conmovidos, por ellos; compadecernos de verdad, padecer con ellos; llorar por ellos, sin vergüenza, y ser, con nuestro testimonio, nuestra denuncia y nuestro trabajo solidario, un verdadero signo de esperanza en medio de tanta desolación.