La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Money, money, money…

Ya son viejas canciones; una de Abba y otra del famoso “Cabaret” de Liza Minelli. ¿Se acuerdan? “Money, money, money…” Dinero, dinero, dinero. Liza trataba de animar al viejo amante diciéndole a gritos que la vida es un cabaret, mientras la chica de los Abba soñaba con cazar a un rico para dejar de trabajar… y de pagar facturas. “Dinero, dinero, dinero..” Si te tomas la vida como si fuese un cabaret, el dinero acaso valga para decir adiós a las preocupaciones: el dinero es para gastarlo en bailes, chicas, embriagueces… e incluso, para olvidarse del dinero

¡Ah! ¿Pero eso es así? Entonces ¿qué pasa con esos señores -y señoras- adinerados, los que guardan sus secretos en Suiza y otros paraísos fiscales, los que no quieren que se sepa lo que tienen, lo que echan mano a la tarjeta black para pagarse sus ocios? ¿Pueden disfrutar de su tesoro? Dinero, dinero, dinero, ¡oh! ese diosecillo caprichoso, tan esquivo con la inmensa mayoría de la humanidad y como generoso se muestra con los que ya tienen llenas sus carteras. Ahí tenemos el circo de don Rodrigo. ¿De qué le han valido tantos millones atesorados fuera de España para pagar menos impuestos? ¿Qué les pasa a los ricos que nunca tienen bastante?

Cuando era todavía muy niño, se me ocurrió escribir un cuentecillo sobre un avaro que se pasaba el día contando el dinero guardado en una habitación. El pobre hombre era algo desmemoriado y cuando ya había contado cinco millones de sus monedas de oro se quedaba ensimismado preguntándose si se habría equivocado al contar. ¿Eras cinco, o cuatro con noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve? No se acordaba, por lo que se veían obligado a volver al principio, a contar de nuevo. Así hasta que le dio un patatús. (Nota: me dieron un premio de veinte duros… pero había que suscribirse antes a la revista que lo patrocinaba… Dinero, dinero, dinero)

¡Dinero! ¿Para qué quería tanto dinero el señor Rato, o el señor Bárcenas, o el señor Blesa? ¿Para contarlo cada día, no se le fuese a escapar por alguna rendija fiscal? Me imagino que ninguno de estos tres señores -¡y tantos otros!- tienen que estar ahora maldiciendo su dinero. Sobre todo el señor Rato: no le ha valido ni para evitar la humillación de la “bajada de cabeza” para entrar en un coche de la Agencia Tributaria. Puede que en su fuero interno se diga a sí mismo que, pese a todo, ha valido la pena acumular tanto dinero: ¡que le quiten lo bailado: la vida es como un cabaret, le recuerda Liza Minelli con su Oscar reluciente en las manos, y ya ha bailado bastante! ¿No es eso?

Me encantaría pasarle a don Rodrigo el texto de la Declaración que han divulgado justo estos días -¡qué contraste, Señor!- las ONGs católicas para recordar los objetivos incumplidos del Milenio. Miles de millones de personas viven en el “descarte” mientras “quienes más tienen, quieren tener más…”

Otra canción que se hizo muy popular en los tiempos de Franco -lo cito por situar la época…- nos hablaba justo de eso: “Todos queremos más, y más y más, y mucho más…” ¿Quería el señor Rato tener cien millones en lugar de los 27 que le atribuye algún periódico? ¿Para qué? Quizá solo pensaba lo mismo que el viejo avaro del cuento: para contarlo una y otra vez. ¡Qué vida! Pero ¿donde está tu hermano, don Rodrigo? No nos diga que no ha visto a ninguno por ese mundo que se ha recorrido como director del FMI, dedicado -¡ay!- a ayudar a los países subdesarrollados… imponiéndoles políticas de austeridad. Primero se les castiga a pasar hambre y después se les ayuda… para que algún que otro gobernante se lucre con la limosna.

No, no puede alegar ignorancia el señor Rato. Y ya ven: el Papa Francisco nos pide combatir ese modelo deshumanizado de economía basado en la exclusión y el máximo beneficio, donde los niños, los ancianos, las mujeres, los emigrantes, los enfermos, las minorías étnicas o religiosas, las victimas de las guerras, los refugiados, los “pateros”, quedan abandonados a su suerte. No me hablen de demagogia barata. Esa es la realidad, como también lo es que el señor Rato tendrá que dejar a otros la tarea de contar sus monedas de oro.

¡Hale, don Rodrigo¡ Descanse un poco del dinero: Liza Minelli nos mintió con su pintarrajeado maestro de ceremonias. La vida no es un cabaret: es un campo de concentración de parias que solo aspiran a comer y dejar de dormir bajo un puente. Repártales algo y deles una cama caliente. Los tiene muy cerca: basta salir del barrio de Salamanca… Estamos en tiempo de Pascua, de redención, de examinar la conciencia. ¿Pero qué digo? ¿Conciencia? ¿Qué conciencia tiene el rico, el defraudador? Léase, señor Rato, la exhortación “Evangelii gudium”, al menos para meditar un poco mientras la Justicia hace su trabajo….