La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La gran decepción

La votación de anoche en el Congreso de los Diputados sobre la mínima reforma de la ley del aborto presentada por el PP, refleja las contradicciones internas del Partido Popular a propósito de una ley que iba a marcar el auténtico peso de las convicciones de su mayoría absoluta. La toma en consideración del proyecto, que se resumía en un mínimo retoque de la ley, superó esta prueba inicial pese a la disidencia de cinco diputados populares que ejercieron su libertad de conciencia para mostrar que su partido ha abandonado una de sus señas de identidad, y ha traicionado su compromiso con los electores de reformar la ley Aído, que sustancialmente queda como estaba. Ahora existe la posibilidad de que estos diputados presenten enmiendas que mejoren el texto y que el propio Gobierno introduzca una cláusula que deje bien claro que el aborto no es un derecho humano, como pretende la izquierda que con tanto entusiasmo respaldó la iniciativa de Zapatero.
Pero parece fuera de toda duda que el grueso del modelo de la ley Aído va a seguir adelante, a menos que el Tribunal Constitucional se decida a corregirla de acuerdo con su propia doctrina, que establece la obligación de tutelar el derecho a la vida del concebido y no nacido. Como afirmó ayer en La Linterna de COPE el Portavoz de la CEE, José María Gil Tamayo, con la aceptación del aborto está en juego la calidad ética de toda una sociedad. El Gobierno de Rajoy ha renunciado a liderar esta batalla civil, pero además  ha dejado pasar el tiempo sin adoptar medidas eficaces de protección a la maternidad y a la familia. Una gran decepción para sus votantes.