La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Felices pero insatisfechos

Cuando se entrevista a los políticos ante las próximas elecciones, la respuesta suele ser invariable: primero, no hay que fiarse demasiado de las encuestas y, segundo, el partido tiene las suyas propios que  son mejores. Algo parecido suele ocurrir entre los propios votantes, es decir, en el conjunto de la sociedad, cuando son preguntados sobre sus preferencias y preocupaciones. El último barómetro del CIS arroja así una curiosa contradicción: la inmensa mayoría de españoles se consideran felices, y al mismo tiempo, pesimistas sobre las perspectivas que ofrece el futuro.

No sorprende que los principales problemas señalados sean el paro y la corrupción, a pesar de la mejora de la economía y de las fuertes medidas adoptadas por el gobierno contra las actitudes fraudulentas. En cambio llama la atención que apenas preocupe la crisis de la educación y el fracaso escolar, denunciados por la mayoría de los sociólogos como uno de los aspectos más negativos de nuestro tiempo. Desde el punto de vista ideológico, el CIS  muestra que cada vez hay más españoles identificados con posiciones de centro, esa especie de campo neutral que, curiosamente, buscan afanosos casi todos los partidos, pero sin querer “mancharse” con pactos de gobierno que harían más creíble su capacidad de moderación o de acuerdo. En suma, ni el barómetro famoso ni las encuestas nos sacan de la espesa nebulosa que envuelve las próximas elecciones, mientras los políticos no parecen sentirse demasiado obligados a tender puentes para acercarse a ese ideal de consenso básico que quisieran los votantes.