La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El pájaro en mano ¿vale más que los cien volando?

Manuel Cruz

Da la impresión de que estamos en un tiempo de demolición política. Se desmorona UPyD, se diluye Izquierda Unida; al Partido Popular de le ataca por todas partes; el PSOE va camino del suicidio por sus contradicciones en Cataluña y su presunta alianza con “Podemos” (el diablo, si es preciso) con tal de echar a la derecha del poder. Y el partido de Pablo Iglesias se tienta la ropa para que su posible pacto con los socialistas en Andalucía –está hecho- no le suponga un varapalo en las elecciones autonómicas y municipales. Queda, eso, sí, “Ciudadanos”, con la carita de ángel de su presidente, Albert Rivera… que el PP no sabe cómo fulminar convencido de que es su principal amenaza.

La única voz reconfortante procede de una institución que es atacada por la izquierda y la derecha: la Iglesia, en la voz del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro. Dice nuestro “doble” del Papa Francisco, que la irrupción de nuevas fuerzas políticas en el panorama nacional no le inquieta, en la medida que los partidos están llamados a hacer una “sociedad de convivencia” y en ese terreno, la Iglesia tiene la ventaja de ofrecer la imagen más bella de lo que es el hombre…

Cierto ¿verdad? Pero, claro: la izquierda cree que hay que cambiar la sociedad y la cultura, esencialmente cristiana, alejándola de la idea de la trascendencia, ese “subterfugio” como diría Victor Alba, que se han buscado los creyentes para dar sentido a la vida. ¡La vida! Ahí es nada… La izquierda no cree en la vida, porque no cree en la eternidad y considera que el único sentido de la existencia humana es la busca del placer. Esa es la clave de su ley abortista. ¿Se acuerdan de la “Educación para la Ciudadanía? En realidad fue el truco que se buscó Zapatero para ofrecer placer a papás agnósticos, en lugar de educar a los hijos en valores morales, ignorados en casa. Llegó, incluso, a repartir manuales sobre algunos de los métodos más sencillos y asequibles del placer: cómo procurárselo por la vía sexual…

Pero, en fin, cada cual vive de sus certezas o de sus placeres y lo que nos va a ocurrir en las próximas elecciones es que la única verdad de la izquierda consistirá en echar a Rajoy a los leones… contando con la desorientación del cuerpo electoral. Rajoy quizá pueda hablar con desenfado de haber superado la crisis económica… sin darse cuenta de que eso no le vale ya para ganar las elecciones porque, entre otras cosas, los votantes, esos que están indignados con el PP, empiezan a olvidar que el PSOE nos llevó a la ruina. Además, los socialistas de Pedro Sánchez, hace tiempo que han perdido la memoria y ahora quieren aprovecharse de las perspectivas de bonanza económica para repartir mejor la riqueza nacional y apretarle el zapato a los “ricos”. Pura demagogia, ya se sabe, con el añadido de  romper del todo con la Iglesia, acabar con la libertad de enseñanza, prohibir las clases de religión y alguna fruslería izquierdosa más… De ahí su presunta alianza con “Podemos” que quiere lo mismo, pero echando más leña al fuego.

Claro que Rajoy también pretende darle la vuelta a los malos augurios con la ayuda del Boletín Oficial y de su –todavía- mayoría absoluta. Ahí está como muestra, su nueva ley de seguridad ciudadana, tan denostada por la izquierda, pero guardándose muy mucho de dar la razón a los defensores de la vida. ¡Son uiltraderechistas! Se lo dicen los del PP al oído, mientras la izquierda lo proclama abiertamente: Ya saben, “Defender la vida es cosa de fascistas”. Por eso el PP, debidamente aconsejado por Pedro Arriola, se quiere parecer a la izquierda en lo que concierne a la ideología de género.

¿Trata también el PP de ofrecer una especie de “subasta del placer” para captar los votos que se le escapan, antes de que se asienten definitivamente en “Ciudadanos”? Hace unos días, el preclaro centrista Alfonso Osorio, que ejerció de vicepresidente con el añorado Adolfo Suárez, se preguntaba en una entrevista en “ABC” que dónde estaba la derecha. Pero esa misma pregunta hay que hacérsela también a la izquierda. ¿Tiene algún significado esta vieja división artificial de las ideologías? Dicen los expertos que la derecha se ocupa, sobre todo, de la conservación del orden social mientras la función de la izquierda es proponer el cambio por el cambio por el gusto de ir contracorriente. Ya lo experimentamos los españoles con la llegada al poder de Felipe González en 1982 y su “escapada” tras los casos de corrupción… que no llegaron, ni de lejos, al listón prefabricado de la Junta de Andalucía, aunque ya sabemos que la corrupción no pasa una factura demasiado elevada a quienes no han gobernado hasta ahora alternativamente.

Puede, incluso, que la corrupción se perdone más a la izquierda que a la derecha que, a fin de cuentas, es la defensora del sistema económico y financiero… que ha creado la crisis. Esto se suele olvidar. Se culpa a Zapatero de haber dilapidado los fondos públicos en políticas-ficción para mantener la apariencia del Estado del Bienestar. Pero la crisis no la fabricó el presidente zascandil. Su delito fue ocultarla. La crisis, conviene aclararlo, fue consecuencia de las malas artes y de la ausencia de conciencia de los financieros norteamericanos y europeos que buscaban el enriquecimiento absoluto, favorecido por un sistema perverso. De alguna manera, también ellos se habían preocupado de ofrecer algún tipo de “placer” a los inversores incautos y a los inocentes compradores de viviendas de lujo sin tener con qué pagarlas.

Así que Rajoy no ha tenido más remedio que restaurar el orden económico… quitando a sus electores el dinero que habían ahorrado. Ahora quiere rebajar impuestos, cubrir las necesidades sanitarias de los inmigrantes sin papeles e, incluso, proteger la maternidad con una ley que todavía está en ciernes. Sin embargo, todo está en cuestión, en espera de ver la radiografía que ofrecerá de España la cita electoral del 24 de mayo.

¿Está en marcha la demolición generalizada? Hay quien piensa que más vale la malo conocido que el cambio por conocer. Pero también están quienes dicen lo contrario: que más valen los cien pájaros volando que uno en mano, como nos decía en clase ese inolvidable profesor de Literatura, tan lleno de humanidad, que era Martín Recuerda.