La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
En su homilía en la Misa Crismal

El arzobispo de Madrid asegura que “la mayor pobreza es no conocer a Dios»

programa-semana-santa-2015-210x300Con la Catedral de Santa María la Real de la Almudena abarrotada de fieles, el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, ha presidido esta mañana su primera Misa Crismal. Con él han concelebrado el Cardenal Antonio Mª Rouco Varela, Arzobispo emérito de Madrid, el Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Renzo Fratini, los Obispos Auxiliares de Madrid, Mons. Fidel Herráez y Mons. Juan Antonio Martínez Camino, SJ, y el Obispo emérito de Segovia, Mons. Luis Gutiérrez Martín. Casi un millar de sacerdotes se han acercado al templo catedral para renovar con su Pastor las promesas sacerdotales. Además, durante la ceremonia han sido bendecidas las ánforas con los óleos de los enfermos y de los catecúmenos, y ha sido consagrado el Crisma.

En su homilía, Mons. Osoro ha pedido permiso a los numerosos fieles y consagrados presentes en el templo para dirigirse de manera especial a los sacerdotes, a quienes ha recordado que “lo que nos reúne a todo el presbiterio diocesano en esta Misa Crismal” es que Dios “nos ha hecho partícipes de la misma unción de Jesucristo”. “Deseamos decirte Señor, al renovar nuestras promesas sacerdotales, que queremos unirnos fuertemente a Ti, que deseamos reafirmar la promesa de cumplir todo lo que Tú nos regalaste configurándonos contigo por la ordenación, y que tan gozosamente aceptamos el día de nuestra ordenación”. “Cantaremos siempre tus misericordias, ha apuntado, dispensaremos los misterios de Dios en la celebración de la Eucaristía y en las demás acciones litúrgicas, y en la predicación como seguidores tuyos nos moverá el celo por todos los hombres”.

“Tú, Señor, nos encontraste y por pura misericordia nos elegiste y nos ungiste con óleo sagrado. Somos ungidos para llevar en nosotros tu mismo diseño… Tu mano está siempre con nosotros, y nos hace valientes y audaces para alimentar a los hombres con tu misma Vida en la celebración de la Eucaristía… Eres Tú mismo quien sigues regalando a los hombres el perdón y la misericordia, tu amor y tu entrega. Nosotros te prestamos la vida para que Tú hagas maravillas en medio de los hombres. Renueva nuestro ministerio y haznos caer en la cuenta del tesoro que llevamos. Gracias por la fidelidad que tienes con nosotros. En Ti nos apoyamos, en tu nombre actuamos, con tu fuerza nos sostenemos, con tu gracia haces valiosa nuestra vida para todos los que se acercan a nosotros y para todos los que buscamos, pues tú nos mandas salir para acercar tu Vida, esa que deseas seguir entregando a todos los hombres. Gracias Señor por contar con nosotros”.

Anunciar el Evangelio a los pobres

Por la ordenación, ha explicado, el Señor “me ha ungido, nos ungiste, quisiste dedicarnos a una tarea exclusiva, llevar en nosotros tu misterio y tu ministerio” y para “proclamar a todos los hombres la gracia y la paz de parte de Jesucristo”. “Nos has enviado para anunciar el Evangelio a los pobres y la mayor pobreza es no conocer a Dios, que es quien nos dice que somos hermanos, y que la vida del Señor no sólo tiene consecuencias personales, sino también sociales; nos has enviado para anunciar a los cautivos la libertad, esa que nace de estar sólo con la atadura de vivir unidos exclusivamente a Dios, y nos has enviado a dar a los ciegos la vista que nos hace ver el título con el cual tenemos que vivir todos los hombres: hijos de Dios y, por ello, hermanos de todos los hombres; para dar libertad a los oprimidos, es decir, para hacer la cultura del encuentro, donde todos cuentan y todos son y a todos se les trata como imágenes de Dios, semejantes a Él; en definitiva, para anunciar el año de gracia del Señor”.

Ha exhortado a los presbíteros a predicar el Evangelio con la vida y, si fuera necesario, también con palabras. Y es que, para Mons. Osoro, hay una exigencia “que hoy es urgente y clara: los hechos, los gestos, la vida van a contar más que las palabras”. Por eso, ha invitado a los sacerdotes a hacer, como dice el Papa Francisco, “una nueva etapa evangelizadora”, con una “apuesta por la novedad de Jesucristo”, viviendo “el diseño misionero de la Iglesia” que tiene “dos palabras que contienen todo para hacer la reforma y llevar la alegría del Evangelio”: Comunión y misión.

Pastoral de la mirada

“Los sacerdotes, ha asegurado, somos los primeros llamados a responder… cada uno de nosotros sabe bien que nunca deja de ser discípulo, que Jesús camina con nosotros, que habla con nosotros, que respira con nosotros, que trabaja con nosotros. Si no descubrimos esta cercanía de Cristo, que se manifiesta en nuestro ministerio, pronto perdemos el entusiasmo, la entrega, la fuerza, la pasión…. Y, no nos engañemos, un sacerdote no convencido o que se apoya en otras fuerzas que no sea Jesucristo, no convencerá a nadie”.

“Hemos de buscar con entusiasmo, ha dicho, el único cauce que existe para un reencantamiento global de nuestro ministerio”, uniendo “siempre la permanencia en el diálogo con el Señor, la oración y la ‘pastoral de la mirada’, el trabajo pastoral”. Todo ello dejando que Cristo “nos toque”. “Alentemos con nuestra vida una nueva etapa evangelizadora, fervorosa, audaz, alegre, llena de amor hasta el fin de una vida entregada y contagiosa, llena de misericordia… Aprendamos a trabajar con la ‘pastoral de la mirada, que es la mirada de Cristo, ver con los ojos de Cristo”. Y ha invitado a “ver la realidad con los ojos de Cristo: ahí está un secreto importante de nuestra pastoral en esta etapa en la que se necesita ‘predicar con la vida’”.

Ha concluido pidiendo “que Nuestro Señor bendiga a todo nuestro presbiterio y que la intercesión de Nuestra Señora de la Almudena nos alcance el corazón a todos los sacerdotes”.

A continuación, los presbíteros han renovado las promesas sacerdotales ante su Obispo. Y el prelado madrileño ha bendecido los óleos y ha consagrado el Crisma.