La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cambio estratégico en el mundo árabe

Mientras prosigue la intervención militar de Arabia Saudita contra los chiitas huzies en Yemen, la otrora poderosa Liga Árabe llegaba en El Cairo a un acuerdo «de principio» para crear un ejercito conjunto contra el terrorismo islámico. Habrá que esperar todavía varios meses de negociaciones para ver hasta qué punto será operativo. Pero este acuerdo, todavía precario, está llamado a tener una importancia vital en la evolución de los países árabes y, por ende, de las relaciones internacionales. De momento, el objetivo es respaldar la intervención de Arabia Saudita en Yemen, donde la rebelión chiita amenaza la hegemonía política de la monarquía saudí en la Península Arábiga. Pero supone un aviso muy serio a Irán, que también quiere influir en toda la región con el apoyo de su polémico programa nuclear.

En cierto modo, el mundo árabe-islámico intenta consolidar sus nuevos sistemas democráticos surgidos de las genuinas «primaveras árabes» y, al mismo tiempo, prepararse militarmente ante una ofensiva iraní en el marco de la guerra religiosa que enfrenta a sunníes y chiíes desde hace trece siglos. Ocurre, sin embargo, que el mundo occidental, encabezado por Estados Unidos y en parte secundado por Rusia, está empeñado en llegar a un acuerdo con Irán para neutralizar su programa nuclear… mientras los árabes, paradójicamente en sintonía con Israel, desconfían tanto del régimen de los ayatolás como de la debilidad occidental, bien probada con su crisis económica y el conflicto de Ucrania. En todo caso, no podrá hablarse en serio de un ejército árabe conjunto mientras no haga frente al llamado Estado Islámico, se reforme la enseñanza tradicional islámica en las madrasas, y elimine, una a una, todas sus franquicias terroristas en África y todo Oriente Medio como ha hecho el propio Egipto y ahora Túnez tras el atentado del museo de El Bardo.