La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Un año centrado en la Misericordia

Continuamente insiste el Papa en la necesidad de redescubrir el sacramento de la confesión. El confesionario, ha dicho Francisco esta semana, no es una sala de tortura sino un lugar privilegiado para experimentar la misericordia y la ternura de Dios, que abraza al pecador arrepentido. Pero antes que con palabras, el Papa nos tiene acostumbrados a predicar con el ejemplo. El viernes, el obispo de Roma celebró el segundo aniversario de su elección en un confesionario. La Basílica de San Pedro fue el epicentro de las “24 Horas para el Señor”, una iniciativa que se ha celebrado en todo el mundo para invitar a redescubrir la adoración eucarística y el sacramento de la reconciliación. En ese contexto ha sido anunciado por Francisco un Año Santo extraordinario centrado en la Misericordia, tema  central de su pontificado.

En Europa se ha desdibujado la noción de pecado, extraña a la cultura dominante, pero con ello se ha difuminado también la idea de perdón y de misericordia. El convencimiento de que el ser humano es frágil, pero Dios le da la oportunidad de levantarse después de cada caída, es uno de las grandes tesoros de la doctrina católica, e históricamente ha influido de forma decisiva en la civilización occidental. Donde había “ojo por ojo” el Evangelio enseñó a ir más allá de la justicia distributiva, para dar paso a una nueva lógica de la gratuidad, acorde con el convencimiento de que el hombre ha sido creado y redimido por puro amor de Dios.