La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

“Haute cuisine”  en La Moncloa

Manuel Cruz

– Bueno, ya sabemos que, según el CIS, el debate sobre el estado de la nación lo ganó el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Pero ¿usted cree en las encuestas del CIS? Hace tan solo unos días, los asesores del “líder”socialista decían que están “cocinadas”…

  • Pero eso fue cuando se publicó el último sondeo sobre intención de voto y el PSOE quedaba en tercer lugar… En todo caso, no sé qué decirle porque casi todo el mundo cree que las encuestas se pueden interpretar a la carta. ¿No se ha dado cuenta de que después de unas elecciones, todos interpretan los resultados como buenos para su partido, aunque haya perdido millones de votantes?
  • O sea, que la “cocina” la pone cada uno a su antojo. Pero tengo otra pregunta que hacerle a usted, que se vio todo el debate sin levantarse del sillón. ¿De verdad cree que ganó Pedro Sánchez, que solo se dedicó a insultar al PP y a hablar de Bárcenas, con olvido de los “Eres” andaluces, los cursos de formación fraudulentos y los imputados que se sientan en a su lado? No me lo creo, aunque el sondeo del CIS le de tan solo unas décimas más que a Mariano Rajoy.
  • Para entenderlo tendríamos que hacer, usted y yo, algún experimento de “haute cuisine”, vamos como si los dos hubiésemos estado en “La Bodeguiya” de La Moncloa el día que Rajoy se reunió con sus asesores para preparar el debate…
  • No sabía que todavía existía esa “bodeguiya” que acondicionó Felipe González para conspirar con los periodistas afines, que entonces eran casi todos. Pero siga, siga: ya estamos allí con Rajoy. ¿Qué pasó?
  • Muy sencillo. Rajoy, o mejor dicho, su “gran asesor”, más conocido por ser el marido de la diputada popular que se dedica a jugar a los muñequitos con su “tableta” como si estuviese matando fetos de mujeres progresistas, soltó de pronto una frase que hizo temblar las paredes de esa especie de “habitación del pánico” en que ha quedado convertido el comedor secreto de González. “¡Hay que salvar al soldado Sánchez¡” Como recordará, ese fue el titulo de algún articulo al día siguiente…
  • Bien, siga con su cocina.
  • Pues ocurrió que Rajoy le pidió explicaciones, aunque no le hacían falta. Y entonces el “asesor” desplegó todo su talento de gran cocinero y dijo: “Señor presidente: si las encuestas dan por acabado el bipartidismo y usted arrolla al líder socialista, habrá decretado la defunción de Sánchez y del propio PSOE, en beneficio de “Podemos”, que espera sentado para ver pasar el cadáver de su enemigo. Y, como es natural, no nos interesa tener en la oposición a ese niñato de la coleta… si es que no se traga también al PP. Así que hay que hacer las cosas de manera que Sánchez salga reforzado del debate y que usted de, al mismo, tiempo la talla de parlamentario que todo el mundo le reconoce”.
  • ¿Y qué contestó Rajoy?
  • Pues que se mostró de acuerdo con el razonamiento, aunque puso un “pero”: “Hágase, pero que no vaya a ganar por goleada porque entonces habría que salvar al “soldado Rajoy”. Lo que entonces ocurrió en aquella habitación secreta es para escribir un sainete. El “asesor” apuntó que la victoria de Sánchez debería ser por puntos: dos o tres por encima de Rajoy. Pero el presidente dijo que eso era mucho, que acaso medio punto seria suficientes. Se abrió así una especie de subasta de puntos y Rajoy apuntó que un buen resultado sería que le dieran a Sánchez cinco décimas “que ya está bien…” remachó. La pugna siguió y el “asesor” propuso siete décimas… y ahí quedó la cosa, no sin antes advertirle al presidente que no se pasara en la réplica que es donde más suele brillar.
  • Es decir que Rajoy se fue al Congreso con el guión preparado para dejar vivo a su oponente.
  • Así es, pero en el debate ocurrió algo imprevisto. Rajoy, que no quiso hablar de los casos de corrupción de los socialistas, los Eres etc. se vio sorprendido por la agresividad de un Sánchez que dedicó buena parte de su discurso inicial a acusar a Rajoy de corrupto y de haber protegido a Bárcenas, lo que le llevó a dirigirse a toda la bancada de diputados populares para llamarlos “sinvergüenzas”, aparte de desmontar todos los signos de “recuperación” que había desarrollado el presidente en su discurso inicial. Rajoy esperaba de Sánchez en discurso de más altura y, en cierto modo, quedó decepcionado. En realidad, Rajoy pudo haberlo machacado en su réplica cebándose en los casos de corrupción de Andalucía, de los que tiene mucha más información de la que se ha publicado en los periódicos. Pero al final se limitó a hacer unas meras alusiones a los “imputados” socialistas para seguir en consejo de “salvar a Sánchez”. Al final, sin embargo, parece que se arrepintió de haberlo dejado escapar y se le ocurrió eso de “es usted patético” y “no vuelva más”. La batalla ya estaba ganada por Sánchez. Lo curioso es que la encuesta del CIS recogiese su victoria por las siete décimas que habían ajustado Rajoy y su “asesor”.
  • O sea, que cocina, haberla hayla.
  • Mire, en realidad, la cocina la ponemos todos, incluidos los medios de comunicación. Aquí lo que se va a dilucidar a partir del 22 de marzo, fecha de las elecciones andaluzas, es con quien pactará el PSOE para gobernar, primero en Andalucía y luego en las comunidades, municipios y, finalmente, en el Congreso. Y ya veremos si el PP es capaz de recoger parte de los votos perdidos por la crisis… y por el incumplimiento de su programa, especialmente en lo que se refiere al aborto, la defensa de la dignidad humana, de la familia, de la maternidad y, en suma de la mujer. La gran pregunta es: ¿Ha abrazado Rajoy, definitivamente, la ideología de género que, de algún modo, le exige la ONU como acatamiento del Nuevo Orden Mundial que pretende arradicar la cultura cristiana? Lo veremos muy pronto con sus anunciados proyectos de ley sobre la protección de la maternidad como contrapartida de una ley del aborto que no ha tenido valor de abolirla, en aras de un consenso a todas luces imposible.
  • Bien, eso y ver hasta qué punto el castigo que se inflija a Rajoy en las urnas se convierte en una patada en el trasero de todos los españoles y, por supuesto, de España.