La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Papa critica con severidad el absolutismo de las reglas del mercado y recuerda que «con el pan no se juega»

AFP3782749_LancioGrandeAl recibir a la Confederación Nacional de Cultivadores Directos el Papa los invitó a volver a encontrar el amor por la tierra como “madre” y les propuso custodiar la tierra, haciendo una alianza con ella, a fin de que siga siendo, como Dios la quiere, fuente de vida para la entera familia humana.

En esta línea, el Santo Padre denunció que «el sistema económico dominante excluye a muchos del justo uso de la tierra» y recordó que el hambre es un flagelo que ataca a «amplia parte de la humanidad». El desperdicio de alimentos tiene «magnitudes inaceptables» y por ello, pidió que se volviera a pensar el sistema de producción y distribución de la comida.

«El absolutismo de las reglas del mercado, una cultura del descarte y del desperdicio que en el caso de la comida tiene magnitudes inaceptables, junto a otros factores, determinan miseria y sufrimiento para tantas familias», lamentó.

«Como nos han enseñado nuestros abuelos, ¡con el pan no se juega!», exclamó. «Recuerdo que, cuando era niño, al caerse el pan, nos enseñaron a recogerlo y besarlo, y ponerlo sobre la mesa», relató el Pontífice. «El pan participa, de alguna manera, de la santidad de la vida humana, y por lo tanto no puede ser tratado sólo como una mercancía», sostuvo.

Al dar su bienvenida a los doscientos dirigentes de la Confederación Nacional de Cultivadores Directos, conocida por su sigla “Coldiretti”, el Papa destacó que festejaban el 70º aniversario de su fundación. Y al agradecer las corteses palabras que le había dirigido previamente su Presidente, Francisco extendió su saludo al Consejero eclesiástico nacional y a los regionales, que representan –dijo– un signo especial de la atención que la Iglesia reserva a la actividad que realizan.

El Obispo de Roma explicó que el nombre de “cultivadores directos” hace referencia al hecho de “cultivar”, que es una actividad típicamente humana y fundamental.

En efecto, en el trabajo de los agricultores, está la acogida del precioso don de la tierra que nos viene de Dios, pero también está su valoración en el también precioso trabajo de hombres  y mujeres llamados a responder con audacia y creatividad al mandato entregado desde siempre al hombre, el de cultivar y custodiar la tierra. El verbo “cultivar” remite a la atención que el agricultor tiene por su tierra para que dé fruto y este sea compartido: ¡cuánta atención, pasión y entrega en todo esto!

Verdaderamente –afirmó el Santo Padre– no existe la humanidad sin el cultivo de la tierra; no hay vida buena sin el alimento que ella produce para los hombres y las mujeres de todo continente; por lo que el agricultor tiene, precisamente, un papel central.

De ahí que el Papa haya indicado que la obra de cuantos cultivan la tierra, dedicando generosamente tiempo y energías, se presenta como una verdadera y propia vocación, que merece ser reconocida y valorada también mediante concretas elecciones políticas y económicas; eliminando los  obstáculos que penalizan una actividad tan valiosa y que, con frecuencia, es vista como poco apetecible por las nuevas generaciones, si bien las estadísticas registran un aumento en el número de estudiantes de las escuelas y de los institutos de agricultura que permite prever un aumento de la ocupación en el sector agrícola.

Al mismo tiempo – dijo también Francisco –  es necesario prestar atención a la tan difundida sustracción de tierra a la agricultura para destinarla a otras actividades, aparentemente más rentables. Y añadió que esta reflexión sobre la centralidad del trabajo agrícola lleva a ver dos áreas críticas; a saber la de la pobreza y el hambre, que aún sufre una vasta parte de la humanidad y la llamada del hombre, no sólo a cultivar la tierra, sino también a custodiarla.

El desafío es: ¿Cómo realizar una agricultura con bajo impacto ambiental? ¿Cómo hacer para que nuestro cultivo la tierra sea al mismo tiempo también custodiarla? Sólo así, en efecto, las futuras generaciones podrán seguir habitándola y cultivarla.Frente a estos interrogantes, el Papa les dirigió una invitación  y una propuesta:

La invitación es la de reencontrar el amor por la tierra como “madre”  de la que hemos sido hechos y a la que estamos llamados a volver constantemente. Y de aquí viene también la propuesta: custodiar la tierra, haciendo una alianza con ella, a fin de que siga siendo, como Dios la quiere, fuente de vida para la entera familia humana.

Al despedirse de los dirigentes de la Confederación Nacional de Cultivadores Directos, llamándolos  “queridos amigos”, el Papa Francisco les deseó que su trabajo de cultivar y custodiar la tierra se considere y valore adecuadamente, a la vez que los invitó a dar siempre la primacía a las instancias éticas con las que como cristianos, afrontan los problemas y los desafíos de sus actividades, y antes de bendecirlos de corazón, concluyó pidiéndoles, por favor, que rezaran por él.