La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Sangre española en Líbano

Cada vez que se registra alguna víctima en el marco de las misiones internacionales de la ONU, se plantea la misma pregunta: ¿qué sentido tiene el despliegue de unas fuerzas extrañas a esa tierra envuelta en una guerra sin fin? La muerte del cabo Francisco Javier Soria en la frontera entre Israel y Líbano, vuelve a plantear el mismo interrogante que, sin embargo, tiene su respuesta en la función que ejercen las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz en el mundo. Los quinientos soldados españoles que están allí desplazados desde hace ocho años y donde ya han muerto trece compatriotas, forman parte de una misión de la ONU en la que participan más de una decena de países y que tiene su origen en el conflicto armado que enfrentó la pasada década a las milicias del grupo armado libanés de Hezbolá con el vecino Israel.

El objetivo de esta misión es interponerse entre las partes en conflicto para evitar una guerra mayor, aunque no deja de ser un parche colocado por la comunidad internacional en un escenario donde se mantiene una permanente hostilidad como consecuencia del conflicto palestino-israelí. Pero no deja de ser cierto que el objetivo se viene cumpliendo con evidente éxito, aunque no se hayan podido impedir acciones esporádicas que mantienen vivas las hostilidades. En todo caso, cuando se abra paso definitivamente la paz en la región, se verá con claridad el sentido de las misiones de pacificación que han llevado a España y a otros países al sur del Líbano.