La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Paradojas del mundo árabe

Días atrás, el ministro español de Asuntos Exteriores, García Margallo, afirmó en una reunión con sus pares europeos en Bruselas, que el mundo occidental debería cambiar su estrategia en la lucha contra el yihadismo en Siria y, en consecuencia, apoyar al dictador Bachar el Asad, como parte de la solución del problema. En cierto modo, el jefe de la diplomacia española vino a reconocer otros errores históricos que desencadenaron las fracasadas “primaveras árabes”, aprovechadas por los movimientos islamistas más radicales. La evidencia de lo que está ocurriendo en este cercano mundo islámico es que, salvo alguna excepción, que todavía está entre paréntesis en Túnez, el islamismo radical solo ha podido ser combatido, hasta ahora, desde la dureza de “dictadores de hierro”como Asad, Husein, Gaddafi y hasta Mubarak en Egipto, donde ha sido necesario que otro militar, con el apoyo de las urnas, haya asumido el poder con el objetivo de combatir el yihadismo con toda firmeza.

Es cierto que el mundo árabe-islámico se enfrenta a la paradoja del sueño de democracia real de buena parte de la juventud y la emergencia de unas teocracias que no entienden de libertad, al tiempo que el mundo occidental se debate en la confusión después de haber sido protagonista de la configuración de ese mundo que colonizó décadas atrás. En todo caso, es evidente la alarma que cunde ahora en Europa ante la amenaza de un yihadismo de ámbito mundial que ha atraído a miles de jóvenes europeos conversos a través de las redes sociales. Llama la atención, en este sentido, que estos seducidos asesinos, empiezan ya a decepcionarse ante la terrorífica realidad que están viviendo, muy alejada de la idealizada “Yihad” contra los llamados “impíos” y que, en muchos casos, son cristianos que han preferido la muerte y la deportación antes que renunciar de su fe.