La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

En la festividad de la Virgen de la Esperanza

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El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18).

 

Al ponernos ante el Misterio de la Encarnación, nos cuesta habituarse a que, el mismo Dios, el Creador de todo, haya querido hacerse uno de nosotros y nacer de una Mujer.

Pero yo creo que, también a María le costó acostumbrarse a la elección que Dios había hecho para ella al contemplar al niño en sus entrañas y verlo crecer como uno cualquiera.

Pero en María, la virtud de la esperanza no se redujo al tiempo de la gestación, ni al momento del nacimiento de su Hijo, sino que tuvo que practicarla durante toda su vida.

Me encanta la representación que se le da a la Virgen de la Esperanza en los iconos. En ellos se muestra al pequeño Jesús dentro del seno de su madre y se los conoce como “La Virgen del signo” Signo para toda la humanidad.

A nosotros también se nos pide que seamos signos y que mostremos a Dios a este mundo increyente; pero para ello necesitamos acogerlo en nuestro corazón. Todos podemos ser “madres” Pues una madre no solamente es la que engendra al hijo en su seno, sino la que lo fecunda en su corazón.

Por eso, a mí me parece que, hoy, debemos admirar embelesados a María, para imitar su forma de acoger a Dios, para darlo a Luz al mundo.

Esta es nuestra vocación cristiana =sentir que se me ha confiado un proyecto de salvación=

Si el mundo necesita a Dios y, hoy mucho más que en otras épocas- hemos de sentirnos invitados -por ese Dios- para echarle una mano; para facilitarle su entrada en el mundo, comenzando por nuestra vocación familiar.

Qué bueno sería que hoy nos dijésemos: yo, que formo parte de una familia, quiero echarle una mano a Dios para facilitarle su entrada en mi casa, en mi parroquia, en mi comunidad… en todo el mundo. Porque Dios se ha fiado de mí y confía en mí para hacer “maravillas” a través mío.

Esa es mi vocación y mi misión, lo que pasa es que, para que eso sea posible, se necesita un corazón limpio y solamente los humildes y los pobres, como María, son capaces de realizarlo.

Julia Merodio