La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cuba, USA y el Vaticano

Si la caída del muro de Berlín, a la que tanto contribuyó Juan Pablo II, fue el acontecimiento más relevante desde la II Guerra Mundial, la decisión de Cuba y Estados Unidos de restablecer sus relaciones diplomáticas supone el comienzo de la demolición del penúltimo muro que ha separado, dramáticamente, el mundo libre de las dictaduras. Estamos, por tanto, ante un acontecimiento histórico, en el que también ha jugado un papel decisivo el Papa Francisco, aunque todavía estén por ver sus efectos concretos. Lo ocurrido ayer en La Habana y Washington es tan solo el inicio de un cambio de rumbo en las relaciones de dos países, enfrentados durante más de cincuenta años Pero si bien es pronto para valorar, en toda su extensión, la decisión de los presidentes Obama y Castro, es cierto que ese paso era absolutamente indispensable para afrontar el futuro de los cubanos, más allá de la confrontación ideológica.

Lo que ahora importa es la transición hacia la libertad que, necesariamente, tendrá que abordar Cuba cuando desaparezcan de la escena política los hermanos Castro. Y ahí, tanto los Estados Unidos como Europa, y muy especial España, están llamados a desempeñar un papel fundamental para que Cuba se abra definitivamente al mundo y el mundo se abra a Cuba, tal y como pidió en su discurso Juan Pablo II en su memorable visita a la isla en enero de 1998. El discreto papel desempeñado por la Iglesia católica desde entonces hasta nuestros días, ha sido decisivo, como lo reconocieron Castro y Obama en su intercambio de discursos de ayer. Como es natural, la Secretaría de Estado del Vaticano no ha dejado de expresar la satisfacción del Papa Francisco por una decisión que hoy abre las puertas de una esperanza insospechada años atrás.