La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Aquel lejano tres por ciento

Han pasado ya casi diez años desde que el entonces presidente de la Generalitat, el socialista Pascual Maragall, asegurara en un debate parlamentario sobre las ruinosas obras del Metro en El Carmel, que el problema de CiU era el famoso tres por ciento. En aquellos momentos Artur Mas estaba en la oposición, pero negociaba en secreto con el presidente Zapatero el nuevo Estatuto de Cataluña y Maragall no tuvo más remedio que retirar su acusación “para no poner en peligro la legislatura”. Ahora que varios miembros de la familia de Jordi Pujol han sido imputados por diversos casos de corrupción, es preciso echar la mirada atrás para tratar de entender la relación entre este hecho y la radicalización de un nacionalismo que se pretendía moderado y pactista.
Llama la atención que aquella denuncia de Maragall, tan rápidamente retirada, no fuese suficiente para investigar lo que hubiera de verdad en esas supuestas comisiones que representarían una corrupción sistemática, más allá del dinero oculto por los Pujol de una herencia todavía sin justificar. Aun así conforta ver que la Justicia, aunque lenta, ni olvida ni tiene en cuenta la filiación política de los supuestos implicados. Así se ha puesto de manifiesto en los diversos casos de corrupción aflorados en los últimos meses, desde Gürtel al fraude en la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha durante la gestión del socialista Hernández Moltó, que tanto destacó como martillo de corruptos cuando ejercía como diputado del PSOE.