La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La verdadera religión siempre rechaza la violencia

Los acontecimientos que se están viviendo en Sidney ponen de nuevo encima de la mesa uno de los grandes problemas que está viviendo este comienzo de siglo XXI: la violencia ejercida por algunos invocando el nombre de Dios. Es uno de los grandes problemas del mundo posmoderno y global. Ya desde su discurso en Ratisbona, Benedicto XVI dejó planteados claramente los elementos de la cuestión: el nombre de Dios y la verdadera religión son contrarios a la violencia. Esa violencia no ha sido generada por el monoteísmo sino por una utilización ideológica del Islam.

Como ha dicho recientemente el papa Francisco en su viaje a Turquía, el verdadero Islam tiene la tarea de desenmascarar esta perversión que sirve a unos fines económicos y geopolíticos muy precisos. En este asunto el testimonio de los mártires cristianos de Iraq, Siria y todo Oriente Próximo, está siendo decisivo. Gracias a los mártires y a los desplazados que ha provocado el autodenominado Estado Islámico algunos líderes musulmanes han empezado a condenar claramente la violencia. Los últimos pronunciamientos de la mezquita de Al-Azhar, gran referencia del mundo sunní, así como la última carta de 120 altos clérigos musulmanes han sido decisivas. Estamos solo al principio de un proceso que debe ser mucho más amplio.