La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Corruptos y dictadores

Hay quien dice “prefiero un demócrata corrupto a un incorrupto dictador” En rigor, cabría contestar que un demócrata corrupto no es realmente un demócrata y un dictador, solo por serlo, ya es un corrupto, pues corrupción no es solo quitarle a los ciudadanos el dinero, sino también, y la más grave, quitarles las libertades… Y eso es lo que hace el dictador que, además, tarde o temprano se queda también con los dineros.

Pero quien dice preferir un demócrata corrupto a un purificador dictador quiere decir que prefiere ser robado a ser esclavizado. Esa explicable preferencia puede llevar a que muchos vuelvan a dar su apoyo a sus viejos conocidos los indeseables corruptos a los que tanto denigran… Y estos confían en que efectivamente ese miedo al dictador ya tan cercano les garantice una vez más el apoyo electoral suficiente para seguir gobernando… ¿Será de veras suficiente ese miedo? Tal vez no.

¿No hay otra alternativa? Tendrían que adoptarse ya medidas verdaderamente fiables, muy fuertes, muy claras, de limpieza pública ejemplar. Y esto casi supone un verdadero milagro moral: que quienes son los grandes beneficiarios de la corrupción tuvieran la grandeza de asumir sus culpas, desaparecer de la vida pública… Ciertamente quienes durante tanto tiempo no han hecho nada por los valores y proyectos para realizar los cuales una mayoría absoluta les dio su confianza electoral no pueden pretender ser quienes vuelvan a solicitar y obtener esa confianza. Al menos las figuras más claramente asociadas a los clamorosos incumplimientos electorales debieran aceptar ser sustituidas por quienes, pertenecientes a su misma formación política, presenten rasgos de verdadera sólida fiabilidad…

Y sería a la vez necesario que fuerzas ya constituidas en defensa de los valores y proyectos sostenidos por una inmensa mayoría de ciudadanos lleguen a contar con medios para darse a conocer y llevar a cabo las alianzas necesarias con que captar el más amplio respaldo electoral de los millones de electores que en este momento se sienten políticamente huérfanos… Sería terrible que muchos de estos cayeran en decisiones de puro desahogo y, por castigar a los políticos que les han traicionado, dieran paso a quienes, si llegan al Poder y por difícil que les parezca, con toda seguridad supondrían el mayor retroceso político y moral imaginable y con los más graves daños precisamente para los mismos que hayan favorecido por su irreflexivo despecho semejante situación. Sería un contrasentido que, para castigar a quienes no defendieron los valores y proyectos que propugno, favoreciera a quienes con toda seguridad actuaran de modo expreso y contundente contra tales valores y proyectos…

Es necesario superar la corrupción, las múltiples corrupciones (entre las que ocupa el más alto lugar la traición a los propios programas electorales), pero de modo que no caigamos en la absoluta corrupción sistémica que supone la más totalitaria dictadura. Es necesario superar la corrupción presente en esta lamentable democracia sin caer, para esto, en una dictadura. Para esto es necesario tal vez que muchos votantes “hagan de tripas corazón” y hayan de “taparse la nariz” de nuevo al ir votar la próxima vez.

Pero sobre todo es fundamental adoptar una nueva actitud por parte de todos y, de modo especial, si cabe decirlo así, por parte de quienes por su fe deben alimentar y difundir la esperanza. Esto supone empezar por reconocer que somos nosotros mismos los primeros llamados a hacer bastante más que depositar una papeleta en la urna en cada momento electoral. Esto supone alimentar ese sentimiento positivo, de sacrificado optimismo. Y sin buscar expresamente la conexión con el presente, hemos de tener la más firme convicción de que somos quienes alimentemos esa esperanza, sostenida por la fe en Jesús Resucitado, quienes de veras podemos. Un examen de nuestra historia permite comprobar que peores situaciones han podido ser no ya meritoriamente sufridas sino sencillamente superadas con la actitud positiva de quien no se deja abatir por lo mal que están las cosas y despeja su mente y sus preocupaciones con la estimulante convicción de que cuenta con un gran poder para hacer que las cosas vayan mucho mejor…

Salgamos de la corrupción que afecta a nuestra actual situación, tan imperfectamente democrática, sin caer en la perfecta dictadura. Apartemos a los corruptos sin encomendarles esa tarea a los corruptos dictadores. Está en nuestra mano. Para esto es preciso serenarse, reflexionar, no dejarse llevar de los meros sentimientos de venganza electoral, sin por esto dejar de mantener el objetivo de hacerles justicia democrática, en su momento, “con todas las de la ley”, a los corruptos.

Teófilo González Vila.