La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Con un corazón alegre

Julia-MerodioPor Julia Merodio

Me gusta que en el Adviento la alegría sea una actitud predominante. Desde el primer momento, en el que Dios tiene contacto con el ser humano, lo único que piensa es: en hacerlo dichoso para que viva con gozo y alegría.

Lo dota de entendimiento e inteligencia para que sepa apreciar su don y le da un corazón de carne para que pueda sentirlo y amarlo; porque el Señor quería que, ese ser que había creado, llevase implícita la alegría, la libertad y el gozo que le produjesen la felicidad.

Estas cualidades, hacen que la persona humana se sienta dichosa cuando entra en armonía con la naturaleza y en comunión con el hermano, es algo que ha pasado en todos los tiempos, también antes de que Jesús viniese a la tierra. De ahí que, ya en el Antiguo Testamento, encontramos hombres y mujeres disponibles, llenos de esa luz interior que les hacía caminar hacia aquel Dios desconocido, experimentando la alegría que proporciona el encuentro con el Absoluto.

Esa luz, es la que nos anima y alumbra, es la luz en la que creemos. Y esto no es un producto de nuestra imaginación, viene de ese Salvador –al que esperamos con ansia- capaz llenar al mundo de todas las gracias.

Sin embargo, vemos con tristeza, que muchos rechazan la salvación no quieren esforzarse por vivir desde la verdad y la libertad, no quieren recibir al Salvador, no quieren acoger a los demás, compartir con ellos, ofrecer sus dones, dejar la superficialidad… y, ahí está el resultado. Nos encontramos en:

  • Un mundo que ríe, pero que no está alegre.
  • Un mundo que disfruta a tope, pero no encuentra el gozo.
  • Un mundo que se mueve sin parar, pero no es libre.
  • Un mundo que hace obras de arte admirables, pero no tiene tiempo para regocijarse con ellas…

Por eso, parémonos un poco, en este Adviento. Miremos nuestra familia, nuestros amigos, nuestra parroquia, nuestro grupo, nuestra comunidad… miremos todos los motivos que tenemos para querernos. Hemos sido elegidos para que la salvación nos inunde, para que entre dentro de nuestra casa, de nuestro ambiente, nuestra actividad, de nuestro mundo… abramos la puerta, quitemos todo lo que estorbaba, acojamos la verdad…