La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Cuando al separatismo le faltan argumentos

Los telespectadores de 13tv tuvieron la ocasión, en la noche del pasado domingo, de ver y oír a un destacado dirigente del separatismo catalán, Jaume Jaume, las explicaciones de quienes propugnan la independencia de Cataluña. Aunque se trata de un tema que ya aburre por lo reiterativo, el debate tuvo la virtud de aportar, en directo, algunas clarificaciones que vale la pena destacar. En primer lugar, que el argumento jurídico basado en la resolución del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas a propósito del derecho a la autodeterminación de las antiguas colonias, no tiene posible aplicación a Cataluña, que nunca ha sido una colonia. En segundo lugar, que no es cierto que haya habido una histórica discriminación negativa de Cataluña en el terreno económico, sino todo lo contrario. Y en tercero, la falacia de las razones históricas de la guerra de sucesión del siglo XVIII.

Cuando la falta de argumentos de tipo legal, jurídico, económico e histórico quedó al descubierto, al dirigente separatista le quedó un razonamiento supremo: la supuesta superioridad de los sentimientos sobre la ley y el derecho.  Este es, en toda su dramática realidad, el meollo del debate que amenaza con dividir España: los sentimientos de una minoría, elevados a la categoría de razón suprema para establecer un nuevo “derecho a decidir”, por encima de la ley. Con este planteamiento, como ya es sabido, resultan estériles todas las iniciativas relativas a la reforma de la Constitución y al diálogo, en la medida que nada dará satisfacción a los separatistas que se desentienden de los límites establecidos por las leyes para evitar, precisamente, que los sentimientos, por si mismos volubles e inestables, se conviertan en una fuente del derecho. Lo cual vuelve plantear la urgente necesidad de que la política o el arte de gobernar para el bien común y la defensa de la verdad, vuelvan al primer plano del debate público, sin miedos ni debilidades.