La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El mundo islámico se mueve contra el yihadismo…

Apenas tres días después de que el Papa Francisco hiciera un llamamiento a los líderes religiosos musulmanes para que detuvieran el terrorismo yihadista, el jeque de las más prestigiosa institución islámica, la Universidad cairota de Al Azhar, ha condenado sin rodeos las atrocidades cometidas por el autoproclamado “Estado Islámico”. No es la primera vez que el jeque Ahmed Al-Taieb, alza la voz contra las atrocidades de las milicias yihadistas en Siria e Irak, pero en esta ocasión lo ha hecho en el curso de una conferencia de prensa internacional, en compañía de otros líderes religiosos de veinte países islámicos sunnitas, entre ellos Arabia Saudita y Marruecos. Casi al mismo tiempo, el secretario de Estado norteamericano confirmaba lo que ya no era ningún secreto para nadie: la participación de la chiita Irán en la lucha contra los terroristas, a petición expresa de Irak que no estima suficiente la intervención de la aviación de la coalición internacional que lidera Estados Unidos.

Resulta obligado preguntarse hasta qué punto estas iniciativas islámicas de signo religioso contrario, son suficientes para erradicar el yihadismo, denunciado como la mayor amenaza contra la seguridad de sus Estados. Muy al contrario, el presidente de Turquía, Erdogán, a pesar del millón y medio de refugiados sirios e iraquíes acogidos junto a sus fronteras, así como su pertenencia a la OTAN, no ha tenido inconveniente en criticar estos días lo que considera una corriente de islamofobia en el mundo occidental y criticaba la intervención extranjera en Irak y Siria. Lo cierto es que el dividido mundo islámico todavía no se ha movilizado lo suficiente, más allá de las palabras, para detener el avance terrorista. Mientras, las atrocidades del llamado “Estado Islámico” se extienden por diversos países africanos, en especial en la cercana Libia y donde nuestro ministro de Asuntos Exteriores ha advertido ya de la necesidad de intervenir militarmente, ante el riesgo de que el Mediterráneo se convierta en un mar de sangre.