La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Sínodo sobre la Familia, visto por el director de La Civilitá Cattolica

Antonio Spadaro, director de la revista de la Compañia de Jesús “La Civilita Católica”, escribe que el hecho e no haberse alcanzado las dos terceras partes de los votos para el punto relacionado con los divorciados que se han vuelto a casar es, en cierto sentido «una decisión anómala, porque es como si 74 padres de 183 hubieran querido negar inluso que se registrara la discusión que se vivió efectivamente»

La falta de la mayoría de las dos terceras partes de los votos en relación con el párrafo 52 de la “Relatio Synodi” (es decir en el que se habla sobre los divorciados que se han vuelto a casar) representa una decisión «en cierto sentido anómala, porque es como si 74 de los 183 padres hubieran querido negar inluso que se registrara la discusión que se vivió efectivamente». Lo escribió el director de “La Civiltà Cattolica”, el padre Antonio Spadaro en un largo artículo que resume los trabajos del Sínodo extraordinario sobre la familia, en el cual el jesuita participó.

«Justamente para que el debate fuera verdaderamente tal, el Santo Padre –escribe Spadaro– nombró miembros para el Sínodo, algunos de los cuales, de manera opuesta y divergente, expresaron sus pareceres sobre los temas tratados». En el Sínodo surgieron «modelos diferentes de Iglesia, pero también enfoques culturales diferentes, a veces opuestos, considerando el país o el continente de proveniencia de los padres». En el aula sinodal, según “La Civiltà Cattolica”, «se respiró verdaderamente un clima “conciliar”. La serenidad, la franqueza (que quede claro) no generaron una discusión suavizada, sino permitieron vivir una dinámica real que no es, de ninguna manera, “confusión”, sino “libertad”: dos términos que nunca hay que confundir, so pena de no vivir valientemente una plena madurez adulta».

El mismo Pontífice «confirmó que el procedimiento sinodal era correcto, y que no había que esperar una convergencia total, fruto de un equilibrio estático, moderado, falso». El padre Spadaro citó al respecto el clima del llamado “Concilio de Jerusalén”, sobre el cual los Hechos de los Apóstoles no dejan de registrar una «gran discusión».

«Y este cara a cara –se lee en “La Civiltà Cattolica– era lo que el Santo Padre había pedido que no temieran los padres sinodales, consciente de que quien habría guiado la discusión de todos habría sido “el bien de la Iglesia, de las familias y la suprema «lex», la «salus animarum»”. Y todo ello, pues, “sin poner nunca en discusión las verdades fundamentales del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, es decir la apertura a la vida”».

En cuanto a la falta de la mayoría de las dos terceras partes de los votos en relación con el párrafo sobre los divorciados que se han vuelto a casar, que contiene las dos posturas que surgieron en el debate para certificar que «se habló de ello en el Sínodo», después de haber definido la decisión «anómala», Spadaro recuerda que la discusión fue reconocida y certificada por el Mensaje final, aprobado por amplia mayoría (158 votos de 174), que ofrece «incluso un indicio de fundamento teológico: “El encuentro que recopila y engloba todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa del Señor… Por ello, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, reflexionamos sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados que se han vuelto a casar”».

Con la decisión de publicar todo, incluso el número de los votos obtenido por cada uno de los párrafos en la votación final, «Francisco hizo que el proceso fuera transparente, dejando a los fieles la elctura y el juicio de los hechos, incluso los de más difícil interpretación». Y «Gracias a la decisión del Pontífice, todos los puntos en disputa siguen siendo “quaestiones disputandae”, pero iluminadas por toda la confrontación sinodal. El proceso, pues, queda abierto y exige que se involucre el pueblo de Dios durante todo un año».