La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El mundo de las paradojas

Julia-MerodioPor Julia Merodio

El mes de noviembre nos presenta un recordatorio que, año tras año, creyentes y no creyentes compartimos, aunque sea de distinta manera.

El día de los difuntos. Y ¿quién podría decir que no guarda algún ser querido –que ya se fue- en lo más profundo de su alma?

Resulta sorprendente que, en este mundo donde se esconde la muerte, se disfraza la muerte y se maquilla la muerte para no herir la sensibilidad, sobre todo de los más pequeños, cuando llega noviembre nuestras calles se llenan de flores con las que obsequiar a nuestros difuntos.

¡Es curioso que -este día de dolor- se repita lo mismo que, en los primeros días de mayo en los que celebramos el día de la madre, recordando –por medio de ella- nuestro nacimiento!

Pero, también es curioso que, un ramo de flores sea el obsequio preferido para una madre que acaba de dar a luz y un ramo de flores sea –como lo más normal- lo que se lleva a la tumba para entregar a los difuntos.

Y yo me pregunto ¿no será más bien que, aún inconscientemente, ese ramo de flores que llevamos -a los difuntos- sea el obsequio para alguien que ha nacido a la verdadera Vida? ¿No será que, precisamente aquí, aparezca ante nosotros esa paradoja, en la que creyendo conmemorar el día de difuntos estemos celebrando el gozo de su resurrección?

La muerte, para un cristiano, no es sinónimo de final, es sinónimo de comienzo, de renacer, de florecer a una existencia plena donde: “No hay muerte, ni llanto, ni dolor…” y esto nos lo dice la Palabra de Dios, la única sincera y veraz.

Por eso desde ahora, al tratar al tema de la muerte lo haremos desde la realidad de la vida plena, quitando todo lo que le hemos puesto de doloroso y negativo. Lo veremos como algo esperanzador y tranquilizante, pues aunque -como humanos- apreciemos el sufrimiento de la separación, sentimos la certeza de que, nuestro destino es: Vivir y ser felices junto a Dios.

  • Dediquemos –en este día- un buen rato para orar por nuestros difuntos.

  • Para orar por todos los difuntos.

  • Para orar, de una manera especial, por los que no tienen a nadie que ore por ellos.