La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Corrupción, conciencia… y desvergüenza

Manuel Cruz

-¿Usted cree que PP y PSOE llegarán a un acuerdo para combatir la corrupción y empezar así la regeneración de la vida política?

– Puede que sí, puede que no, ¿qué quiere que le diga? Los dos partidos parecen ahora muy preocupados por la irritación que cunde entre las gentes sencillas por los casos de corrupción, con el riesgo de convertirse en votos para ese partido de vocación totalitaria que se inspira en Cuba y Venezuela. Pero los partidos mayoritarios siguen enzarzados en sus pugnas del “tú más” y mucho me temo que alarguen sus disputas hasta las elecciones municipales y autonómicas para ver las tendencias reales del electorado.

– Es que no se dan cuenta de que esa conducta los está llevando a su evaporación y, lo que sería peor aún, puede llevar a una mayoría de españoles al suicidio político, votando a “Podemos” como castigo?

– Mire, cada cual confía en sus propias bazas. Por ejemplo, Rajoy cree que si el año que viene consigue mejorar la economía hasta crear un millón de puestos de trabajo, sus votantes le renovarán la confianza, a pesar de no cumplir su programa en aspectos tan sensibles como la batalla contra el aborto libre y lo mucho que les está haciendo sufrir con las amenazas de apretarles más el cinturón, como ese “invento” de gravar más aún la venta de viviendas usadas. Por su parte, Pedro Sánchez confía en la fuerza de atracción que, a su juicio, tiene todavía la palabra “socialismo”, a pesar de la herencia del zapaterismo, de sus querellas internas, de la corrupción en Andalucía de la que, por cierto, no dice ni palabra… El líder socialista cree que la corrupción en el seno del PP –esa supuesta “caja B”, lo de Bárcenas, lo de “Gurtel”…- es mucho peor que los Eres falsos y los fraudes en los cursos de formación..Los dos viven en la utopía, porque ya no se puede hablar de ideologías que ilusionen. El liberalismo que, en apariencia, defiende el PP no ha generado más riqueza. Al mismo tiempo, la sociedad se ha dado perfecta cuenta de que el socialismo es sinónimo de ruina y de laxismo moral. Lo que a mi me gustaría es que, a propósito de la corrupción, se abriese un debate serio sobre sus causas, empezando por el pecado, los pecados sociales, los pecados personales, la hipocresía, el engaño, la ausencia de valores que conducen al esfuerzo personal y al trabajo bien hecho…

-¡Pero hombre! ¿Cómo se le ocurre hablar de pecado? Eso es cosa de los curas, a los que nadie hace caso.

– No es cosa de los curas, amigo mío. Si es verdad que aún siguen vivas las raíces cristianas en nuestra sociedad, nadie debiera extrañarse de hablar de pecado, aunque algunos curas, precisamente ellos, se hayan “mundanizado” como dice el Papa y prefieran disfrazarlo como “faltas” o “debilidades” humanas que son automáticamente perdonadas, sin necesidad siquiera de confesarlas. Ya ve cómo el nuevo arzobispo de Madrid no ha tenido pelos en la lengua para hablar de la necesidad de una transformación profunda del sistema económico y social, que ha considerado injusto e inhumano y que excluye a los más débiles y pobres. Don Carlos Osoro ha venido a decir lo mismo que viene diciendo el Papa Francisco desde el primer día que llegó al Vaticano.

-Por cierto, habrá usted leído el ensayo que ha escrito este Papa sobre corrupción y pecado…

– Ahí quería llegar, amigo. El Papa no deja de hablar de la corrupción porque la que considera mucho más grave que el pecado, al extremo de que no se puede perdonar. La compara con una enfermedad que necesita un profundo tratamiento para curarla. Claro que también sabe el Papa que a esa corrupción “imperdonable” se llega después de un largo recorrido de pecados no confesados, de adormecimiento de la conciencia: el corrupto llega a creer que lo “suyo” es algo “normal” y si le queda un atisbo de sentido de culpa, se busca la complicidad de quienes lo rodean… ¿No se ha dado cuenta de que todos los usaron, durante años, la famosa “tarjeta negra” de Caja Madrid ni siquiera se han disculpado y todos a una han manifestado que creían que era legal?

– Bueno ya sabe usted que ahora lo “legal” es el marco diseñado por el laicismo –liberal o socialista- para considerar lo que es moral.

– Así es, en efecto. Pero lo que no podían esperar estos “angelitos” de las tarjetas es que su conducta llegase a ser tan ampliamente reprobada por la sociedad. Eso me lleva a creer que en España no existe una aceptación generalizada de conductas que, acaso en otro tiempo, podían considerarse como la meta del éxito social.

– Tenga en cuenta la situación de crisis que vivimos. ¿Usted cree que sin esa crisis económica se le hubiera dado tanta importancia a los “gastos de bolsillo” de los directivos y consejeros de Caja Madrid?

– Es probable que no, pero lo cierto es que la crisis ha empezado a despertar muchas conciencias. De todos modos, a mi me perece mucho más obsceno y reprobable el sueldo que recibían esos directivos: más de tres millones anuales de euros el presidente de la Caja… Lo asombroso es que a pesar de esos sueldazos, todavía necesitaran más dinero para gastarlo en lo que podríamos llamar “gustos negros”, no sujetos a las retenciones de Hacienda.

– Como dice el Papa, en la “cultura de la corrupción” hay mucha desvergüenza…

– Pues por ahí tienen que empezar PP y PSOE a hablar para acabar con ella: darse cuenta de que hay que desterrar de la vida pública a los sinvergüenzas, que no son solo los que tiran de “tarjeta negra”.

– Estoy de acuerdo amigo. Gracias por la charla.