La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El Papa habla de la necesaria unidad de la Iglesia

1_0_822932Todo cristiano está llamado a trabajar por la unidad de la Iglesia, ha afirmado el Papa Francisco hizo en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. De este modo, el Pontífice subrayó que debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo que hace la unidad de la Iglesia en la diversidad de las personas.

“Yo, prisionero, los exhorto a construir la unidad en la Iglesia”. Francisco desarrolló su reflexión partiendo de esta exhortación de San Pablo, contenida en la Carta a los Filipenses. “Hacer la unidad de la Iglesia – observó el Papa – es trabajo de la Iglesia y de cada cristiano durante la historia”. Y añadió que el Apóstol Pedro “cuando habla de la Iglesia, habla de un templo hecho de las piedras vivas, que somos nosotros”. Y, además hizo una advertencia acerca de “aquel otro templo, el de la soberbia que era la Torre de Babel”. Mientras el primer templo “trae la unidad” – dijo – ese otro “es el símbolo de la desunión, de no comprenderse, de la diversidad de las lenguas”:

“Hacer la unidad de la Iglesia, construir la Iglesia, este templo, esta unidad de la Iglesia: éste es el deber de todo cristiano, de cada uno de nosotros. Cuando se debe construir un templo, un palacio, se busca un área edificable, preparada para esto. La prima cosa que se hace es buscar la piedra de base, la piedra angular dice la Biblia. Y la piedra angular de la unidad de la Iglesia, o mejor dicho, la piedra angular de la Iglesia es Jesús, y la piedra angular de la unidad de la Iglesia es la oración de Jesús en la Última Cena: ‘¡Padre, que sean uno!’. ¡Y esta es la fuerza!”

El Papa reafirmó que Jesús es “la piedra sobre la cual nosotros edificamos la unidad de la Iglesia” y dijo que “sin esta piedra no se puede. No hay unidad sin Jesucristo en la base: es nuestra seguridad”. ¿Pero quién, entonces – se preguntó Francisco – “construye esta unidad?”. Éste – fue su respuesta – “es el trabajo del Espíritu Santo. Es el único capaz de hacer la unidad de la Iglesia. Razón por la cual Jesús lo ha enviado: para hacer crecer a la Iglesia, para hacerla fuerte, para hacerla una”. Es el Espíritu – prosiguió – quien hace “la unidad de la Iglesia” en la “diversidad de los pueblos, de las culturas, de las personas”. “¿Cómo se construye, entonces, este templo?”, preguntó una vez más el Santo Padre. Si el Apóstol Pedro – dijo – cuando hablaba de esto, “decía que nosotros éramos piedras vivas en esta construcción”, San Pablo “nos aconseja no ser tanto piedras, cuanto ladrillos débiles”. Los consejos del Apóstol para “construir esta unidad son consejos de debilidad, según el pensamiento humano”:

“Humildad, dulzura, magnanimidad: son cosas débiles, porque el humilde parece que no sirve para nada; la dulzura, la mansedumbre, parecen no servir; la magnanimidad, el estar abierto a todos, tener un corazón grande… Y después dice además: ‘Soportándose mutuamente con amor’. Soportándose unos a otros en el amor, teniendo como interés ¿qué cosa? Conservar la unidad. Y nosotros nos transformamos cada vez más en piedras fuertes, en este templo, cuanto más débiles nos hacemos con estas virtudes de la humildad, de la magnanimidad, de la dulzura, de la mansedumbre”.

El Papa reafirmó que este es “el mismo camino que ha recorrido Jesús” que “se ha hecho débil” hasta la Cruz, “¡y se volvió fuerte!” Y así debemos hacer nosotros: “El orgullo, la suficiencia, no sirven”. Cuando se hace una construcción – añadió Francisco – “es necesario que el arquitecto haga el diseño. ¿Y cuál es el diseño de la unidad de la Iglesia?”:

“La esperanza a la que hemos sido llamados: la esperanza de ir hacia el Señor, la esperanza de vivir en una Iglesia viva, hecha con piedras vivas, con la fuerza del Espíritu Santo. Sólo sobre el diseño de la esperanza podemos ir adelante en la unidad de la Iglesia. Estamos llamados a una esperanza grande. ¡Vamos allí! Pero con la fuerza que nos da la oración de Jesús por la unidad; con la docilidad al Espíritu Santo, que es capaz de hacer de ladrillos piedras vivas; y con la esperanza de encontrar al Señor que nos ha llamado, encontrarlo cuando se produzca la plenitud de los tiempos”. 

 

Al recibir cordialmente a una delegación de la Fundación Orientale Lumen, el Papa Francisco se refirió a su próxima visita al Patriarcado Ecuménico, en noviembre, en ocasión de la fiesta del apóstol San Andrés. Y destacó que la peregrinación cristiana es una ocasión de un camino para la renovación interior que nos lleva siempre más hacia el Señor.

Toda peregrinación cristiana no es sólo un itinerario geográfico sino, sobre todo, la ocasión de un camino de renovación interior para ir siempre más hacia el Señor Jesucristo, “iniciador y perfeccionador de la fe”. Con estas palabras el Santo Padre se dirigió este viernes a los peregrinos de la delegación de la Fundación Orientale Lumen en América que en estos días, guiados por el Metropolita Kállistos de Diokleia, se encuentra en Roma.

Estoy complacido, les dijo, por haber elegido recordar en su peregrinación a los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, canonizados el pasado mes de abril. Esta elección – dijo el Papa – resalta la importante contribución de estos Papas en el desarrollo de las relaciones “siempre más estrechas” entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas. Y destacó el ejemplo iluminante de estos dos Santos, y su ardiente pasión por la unidad de los cristianos, “nacida de la dócil escucha de la palabra del Señor que en la última cena oró al Padre para que sus discípulos fueran “una sola cosa”.

El Santo Padre les pidió que, con la intercesión de esto dos santos, rezaran por su ministerio de obispo de Roma al servicio de la comunión y de la unidad de la Iglesia.

Luego Francisco recordó la próxima etapa de esta peregrinación a El Fanar, en donde la fundación Oriental Lumen encontrará al Patriarca ecuménico Bartolomé I. Les pido – dijo – que le transmitan mis cordiales y fraternos saludos.

Y recordando su próxima visita al Patriarcado ecuménico el próximo mes de noviembre, en ocasión de la fiesta del apóstol san Andrés, subrayó que esta visita será “signo del profundo vínculo que une las sedes de Roma y de Constantinopla y del deseo de superar los obstáculos que todavía nos separan”.