La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

A los veinte años de un día de mucha lluvia

DSC_3708José Alberto Rugeles Martínez

Era un día en que se anunciaba mucha lluvia. Algunos muy confiados en la intercesión de Santa Clara pensaban que no. El sol saldría y el comienzo del pontificado del nuevo Arzobispo de Madrid no tendría lluvia. Pero la santa de Asís tal vez pensaba que no debía interceder… y la lluvia se hizo presente, obligando a todos a entrar en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

La lluvia no era desconocida para el nuevo Prelado. La había conocido de pequeño en su Villalba natal y le había acompañado en Mondoñedo en sus años de seminario. La encontraría después en Salamanca, también en Munich, y en Santiago innumerables veces y ese 24 de octubre de 1994 volvía a saludarlo. Tal vez, muchos años después, en Cuatro Vientos, aquella memorable tarde del sábado 21 de agosto de 2011, al ver la lluvia caer a mares, el Cardenal Rouco viendo al Papa Benedicto XVI resistir los embates de la lluvia, se haya recordado que la lluvia siempre había acompañado su vida.

Lluvia que recuerda la gracia de Dios. El Señor derrama su gracia que cae sobre los hombres, como las gotas de agua. Solo que la gracia es más abundante que la lluvia.

Y los veinte años del Episcopado del Cardenal D. Antonio María Rouco Varela, que hoy se conmemoran, han sido beneficiados por la gracia de Dios abundantemente.

Podemos citar algunos ejemplos: la creación de innumerables parroquias. La ordenación de tantos sacerdotes y diáconos. El impulso y desarrollo de la Universidad Eclesiástica San Dámaso. La realización del Sínodo Diocesano de Madrid. La puesta en marcha de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 y su exitosa realización. La acogida a tantos movimientos y asociaciones, así como realidades nuevas de apostolado seglar. La asistencia a los pobres y desvalidos a través de Caritas diocesana. La Realización de la Misión Universitaria y de la Misión Madrid.

Desde los comienzos de la Historia, siempre hubo hombres que sirvieron de enlace entre la Divinidad y el resto de los hombres. En el Antiguo Testamento, el Pueblo elegido tuvo hombres, que llamados especialmente por Dios eran sus sacerdotes, que ofrecían el sacrificio al Dios de los Hebreos, al Dios verdadero, el sacrificio verdadero. Ese mismo Dios, que encarnándose la Segunda Persona Jesucristo, fue sacerdote, victima y altar. Victima por excelencia, altar por excelencia, sacerdote por excelencia. Quiso El, instituir a simples pescadores como apóstoles, como sacerdotes, como Obispos. Y a partir de aquél entonces, una larga y gloriosa pléyade de hombres se han ido sucediendo a lo largo de la Historia, con luces y sombras, siendo sucesores de los mismos Apóstoles.

Madrid, en tiempos de Jesús ¿qué era?. Difícil saberlo. Pero desde siempre en los planos de Dios han existido aquellos que deberían pastorear la grey en esta porción del mundo. Desde toda la Eternidad Dios vio a quienes deberían ser Pastores de Madrid. Y vio toda la lista de Obispos y Arzobispos que ha llegado hasta la persona del Cardenal y ahora de su sucesor D. Carlos Osoro Sierra que mañana toma posesión. Dios no solo vio, sino que amó a aquellos hijos a quienes iba a llamar para servir a otros, a aquellos que estando en la cúspide de la Jerarquía debían ser siervos de los siervos, maestros, guías, ejemplos.

El Cardenal Rouco Varela fue llamado para atender el apelo de Cristo. Y le respondió afirmativamente. Hoy cuando se cumplen 20 años de su entrada en Madrid y en las vísperas de su relevo, le decimos: gracias por ese sí. Gracias, por todo aquello que ha hecho por la Archidiócesis de “este querido y viejo Madrid”, que con certeza no le olvidará.

Y hoy cuando no llueve sobre Madrid, diferente que hace veinte años, le pedimos a la Virgen de la Almudena que le siga colmando de gracias y bendiciones, como lluvia abundante a él y a su querido sucesor.