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El cardenal Rouco Varela evoca la figura de Santa Teresa de Jesus como una de las grandes mujeres de la historia de la Iglesia

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Este pasado martes, Pastoral Universitaria rindió un homenaje al Cardenal Antonio Mª Rouco Varela, Arzobispo Emérito de Madrid Administrador Apostólico, con motivo de sus 20 años al servicio de la diócesis, que ahora concluyen. Comenzó con la celebración de una Eucaristía en la Capilla de la Facultad de Derecho de la UCM, seguida de un encuentro informal en el que participaron profesores y alumnos de la Universidad.

En su homilía, el Cardenal evocó la figura de Santa Teresa de Jesús, en la víspera del inicio del V Centenario de su nacimiento, afirmando que la santa “era de una luminosidad, para la época de la historia en la que vivía, que todavía nos admira y nos sorprende”. Santa Teresa, dijo, “es una de las grandes mujeres de la historia de la Iglesia”, al tiempo que destacaba su humildad y su sencillez, por “haber alcanzado la sabiduría de Dios y haberla vivido de una forma extraordinariamente fascinante”. Ella, apuntó, “se dio cuenta de que hacer misión era algo que tenía que ver con una experiencia del corazón marcada por el amor de Dios y de Cristo, por su sabiduría, y que para aprender esa lección había que emprenderla en comunión”. “Ella supo que esa comunión sería evangelizadora y transformadora del corazón de las personas si era vivida profundamente como oración, como súplica, como contemplación”.

Santa Teresa de Jesús, explicó, quiso ir de misionera, se escapó de su casa, pero la cogieron y se acabó su aventura misionera. Pero la pasión misionera no. Y para renovar la Iglesia y potenciar toda la gran acción misionera que ella conocía, y que se estaba llevando a cabo en el Nuevo Mundo, se dedica a ser una contemplativa, una orante, alguien que vive la sabiduría en un mundo personal, en la iglesia, en el Carmelo, en una congregación de vida contemplativa, hasta límites de modelación del propio cuerpo, de la propia vida. Con un encanto, por otro lado, con una alegría, que apenas puede sospechar alguien que no se ha asomado nunca al mundo de la oración que contempla a Dios, a Cristo, y que conoce y quiere conocer la sabiduría”. Dentro del Carmelo, prosiguió, “ella abre un camino nuevo, de observancia. Esta palabra es en su vida muy importante: volver a la observancia, a los orígenes de la Orden, y vivirlo radicalmente”. Así, funda el convento de San José de Ávila. Una aventura en la que contó con la ayuda de unos jesuitas jóvenes que acababan de llegar a la ciudad castellana.

Para el Cardenal, “ser santos viene a decir vivir en la sabiduría de Dios, la verdadera, la que da sentido pleno a la vida, la que da fuerza a la voluntad para amar y querer entregarse a Él, donde el corazón del hombre se ha convertido, es corazón de Dios, para llevarle a la fuerza salvadora, el amor de Cristo, sabiduría de amor al hombre”. “La modernidad, señaló, comienza con la historia del España, en el siglo XVI. Con ese mensaje de no tener miedo a ser santos. Comienza por una apuesta a la santidad. Decir esto en un contexto universitario contemporáneo puede ser un contraste, una ensoñación poética, pero es verdad. Ya decía Jesús: te doy gracias, Padre, porque has dado estas cosas, no a los sabios y entendidos, sino a los pequeños, a los humildes de corazón”, concluyó.