La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El perro Excalibur, víctima de los políticos, no del Ébola

descarga (2)Magdalena del Amo, periodista

 

La hemeroteca es como una vieja bruja vengativa que casi siempre llega para mal, para poner en su sitio a los mentirosos y a los incoherentes; para sacar los colores a los que conservan algo de vergüenza. Y es que, contra lo que dice el adagio, las palabras nunca se las lleva el viento, sobre todo si se graban o se escriben. Ya estamos acostumbrados a que los políticos digan una cosa y la contraria, según convenga o a quien se quiera machacar. Hace unos días me encontraba en mi archivo de imágenes la foto de Rajoy en plena calle pidiendo firmas contra la subida de IVA de Zapatero. ¿Recuerdan? En un plotter azul sobre la mesa “petitoria” se leía en grandes letras blancas lo que serían las consecuencias de la subida del IVA: más paro, menos consumo, menos bienestar, menos recuperación, menos economía, menos inversión, menos comercio,  menos actividad, más recesión, menos negocio, menos ahorro, menos oportunidad. Convincente, ¿verdad? Pero, ¿qué fue de aquellos eslóganes? ¿Dónde están aquellas promesas de hombre de Estado? ¿Dónde está el partido que iba a salvar a España? Siento pena, a la vez que vergüenza al recordar todo aquello. No solo yo sino muchos que están devolviendo el carné e incluso algunos obispos que tachan al PP no como lo menos malo, que es lo que solían decir, sino como lo peor. El PP ha traicionado a sus militantes, a sus simpatizantes, y al pueblo español al completo.

Pero, aunque no lo parezca, créanme, no traje a colación la vieja bruja hemeroteca para poner en solfa a Mariano Rajoy. Hoy en mi paredón inmisericorde he colocado a Artur Mas. El independentista radical, dispuesto a vulnerar la legalidad vigente y la Constitución, decía estas palabras en una entrevista del 2002: “El concepto de independencia lo veo anticuado y un poco oxidado”. ¡Quién nos lo iba a decir! Pero así son las cosas.

El bombardeo con Cataluña y sus políticos nos empacha y apenas nos quedan lágrimas de impotencia para seguir llorando. Sin embargo, hoy apenas se ha hablado del señor Mas, ni de casi nada. Los problemas reales y gordos, y los escándalos de corrupción que día a día nos hacen enrojecer y palidecer al mismo tiempo –y lo que te rondaré morena—, estuvieron hoy difuminados en medio de un cortinón de humo ¡de los buenos!

 

Hoy, el protagonismo lo tuvo un pobre perro “palleiro” marrón, cuya dueña se había contagiado del virus del Ébola. ¡Las desgracias nunca vienen solas! Contra la turba de defensores de los animales que se manifestaban ante el domicilio de la auxiliar de enfermería, entraron los valientes policías y los veterinarios defensores del orden, con la jeringuilla cargada dispuestos a ejercer de Kevorkian perruno. El perro murió sin entender nada, sin la presencia de sus dueños. Las voces populares pidiendo clemencia para el animal no sirvieron para nada. Ni siquiera le salvó tener un nombre tan poderoso, Excalibur, nada menos que la espada del rey Arturo. Dicen que fue por el principio de precaución, un principio que a veces es un fin en sí mismo, y en virtud de él se pueden cometer muchas injusticias. Algunos profesionales ajenos al régimen dicen que había otras alternativas, eso sí, no tan mediáticas. Y es necesario crear noticias para que el pueblo se entretenga y olvide que entre unos y otros están acabando con lo poco que queda.

Hace unos días, en un artículo titulado ¿Qué se esconde detrás del virus del Ébola?, denunciaba las artimañas de los políticos para manipular a las masas a través del miedo, el arma más potente de cuantas existen. Lo malo es que lo tienen muy fácil, sobre todo si existe una base real; y, en este caso, el virus del Ébola no vamos a negar que tiene su gravedad. Pero eso no justifica ni la aparición de la ministra del Jaguar y el confeti en rueda de prensa, de luto y ojerosa, en plan viuda lorquiana. Como tampoco el excesivo protagonismo de la afectada, a quien ya le están redactando la historia de su culpabilidad. Que si mintió, que si incumplió el protocolo, en fin. Pero el montaje mediático dio sus frutos y mientras todos los medios de comunicación hablaban y mostraban las imágenes de los de las escafandras fumigando el piso del perro, nadie se acordaba de los delincuentes que nos han robado hasta la esperanza. Y mientras tanto Rajoy, se fumaba un puro. Supongo.