La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

El aborto, la responsabilidad y la comunicación

Manuel Cruz

Con frecuencia sale a relucir en las tertulias la “supuesta superioridad moral de la izquierda” en un intento, por parte de quien la rebate –de derechas, claro- de ridiculizarla sin más argumentos que la ironía y la sonrisita despreciativa, sin entrar a fondo en lo que debería ser un debate serio y bien razonado. Vaya por delante mi convicción de que esa “superioridad”, que ahora se centra en la defensa a ultranza del “derecho a decidir” de la mujer, es una de las falacias que la izquierda ha conseguido introducir en el lenguaje político y socialmente correcto, dándola por sentada e indiscutible.

Exactamente igual ocurre con los separatistas catalanes. Después de años y años machacando las mentes infantiles, adolescentes y adultas sobre “lo que Madrid nos roba”, los partidos separatistas, antaño colaboradores del Estado y que, desde las debilidades de los Gobiernos centrales, aspiran ahora a convertirse en dueños de un Tesoro y una Justicia propias… para que ningún Montoro los acuse de defraudar a Hacienda. Asi han conseguido que una buena parte de la sociedad catalana los crea y miren con odio a los “ladrones madrileños”, fabricándose una “superioridad” moral separatista, que ni siquiera ha mitigado las fechorías atribuidas a los Pujol y compañía.

Pues bien, a lo que iba. La izquierda ha demostrado con creces, a lo largo de la historia que es capaz de las mayores atrocidades que pueda cometer un ser humano, sin necesidad de compararlos al salvajismo “moderno” del que hacen gala los “yihadistas”. Me atrevería a añadir una reflexión al socaire de las decapìtaciones de estos bárbaros del “Estado islámico” que tratan de someter al mundo a su Islam: el “yihadismo” (habría otra forma de llamar a los “muyahidines” de la guerra santa, como asesinos a sueldo de un dios sediento de sangre infiel) se está convirtiendo ahora en un pretexto de la izquierda para demostrar la “superioridad” del agnosticismo o del laicismo que, -¡oh paradoja!- también ellos tratan de imponer, con más o menos sutileza, a una sociedad cada vez mas propicia para dejar a Dios en las sacristías.

La izquierda, decía, no tiene ni puede tener ninguna superioridad moral porque todo su comportamiento –la moral es eso, el comportamiento de las personas ante las situaciones que se les presentan- se basa en el no reconocimiento de la dignidad de la persona como criatura de Dios. La vida humana tiene un valor relativo: vale mientras sea útil y, en todo caso, como no puede evitar que existan inútiles, se valen de ellos para esquilmar a los que, con su esfuerzo, logran triunfar en sus proyectos humanos y profesionales. Me pregunto: ¿Se ha visto alguna vez a las direcciones del PSOE y de Izquierda Unida, a los sindicatos de clase, abrir comedores como los de Cáritas o Bancos de Alimentos, o Redes-Madre para acoger a las mujeres necesitadas de ayuda, o enviar “misioneros” para predicar el ateismo y, al mismo tiempo, entregar su vida por ayudar a los más necesitados? Y, sin embargo, ahí los tenemos defendiendo el aborto como un derecho de la mujer…

Recuerdo que, en cierta ocasión, la dirección de la empresa en la que presté mis servicios durante unos años, programó un curso de “formación” de directivos en la solución de conflictos humanos y laborales. Una de las clases consistió en invitar a los asistentes a dividirse en dos bandos: los que defendían el aborto y los que lo rechazaban. Se trataba de ofrecer argumentos en uno y otro sentido. Una vez expuestas las razones de cada cual se invitó a los dos bandos a asumir la posición contraria, en la convicción de que cualquier podía argüir razones a favor y en contra con la misma facilidad y así ponerse en el lugar del otro como forma de resolver el conflicto. Curiosamente, en las tertulias que nos asaltan cada día, ningún izquierdista, es decir, ningún ateo socialista o comunista, ha sido capaz de entender los razonamientos que dan los defensores de la vida que, a su vez, sin incapaces de desmontar los argumentos de los abortistas. Y así surge la burla de la “superioridad” moral de la izquierda… que se impone tan fácilmente que hasta el infeliz de Zapatero fue capaz de que las Cortes aprobasen el aborto libre ¡como un “derecho humano” más…!

lo que se puede comprobar en estas tertulias no es la “superioridad moral” de los abortistas que basen todas sus razones en la libertad de decidir. ¡Qué arrastre tiene la palabra libertad! Tanta que la derecha  se queda muda y apenas balbuces que nadie puede decir sobre la vida de otro ser mientras la izquierda arguye que ese “otro ser” no es una persona con derechos jurídicos, por mucho que lo diga el TC. Incluso he escuchado e un “coletas” rubio –los hay morenos también, no se me olvida, que defienden lo mismo- decir que el Estado no tiene ningún derecho a intervenir en la conciencia de una mujer que decide abortar a las 24 semanas de gestación: ¡es ella la que decide porque es libre y el Estado lo que debe hacer es tutelar esa libertad, que para eso somos demócratas y hemos luchado toda la vida por conseguirlo…! Y, claro, todo deriva después hacia la religión, hacia unas creencias supersticiosas que tratan de dominar a la mujer… como ocurre en el seno del Islam.

Lo que ningún tertuliano defensor de la vida ha sabido decir, al menos no lo he escuchado, es que la defensa de la “libertad de decidir”, la libertad a secas si se quiere, conlleva un elemento que la izquierda olvida fácilmente: ¡la responsabilidad! Vamos a ver: cuando una mujer mantiene libremente relaciones sexuales con un hombre, sabe perfectamente que puede quedarse embarazada. Insisto en lo de “libremente” para no entrar en otras consideraciones en las que interviene la violencia como en las agresiones sexuales. Pues bien: esa libertad, que la ha movido a mantener tales relaciones, tiene como secuela la asunción de una responsabilidad ante lo que puede resultar inevitable: el embarazo. Lo que debe exigirse a esa mujer –y, por supuesto, al hombre que ha gozado con ella- es asumir la responsabilidad de sus actos, es decir, la posibilidad de un embarazo que, curiosamente, podría haber evitado con el uso de los mil medios que ofrece el mercado para ello, sin entrar en matices de otro calado moral.

El aborto, en consecuencia, es un acto de irresponsabilidad elevado a la enésima potencia porque conlleva la vida de otro ser que no tiene la culpa del deseo sexual de la pareja. Y hablo de la pareja porque no todo el peso de la responsabilidad recae sobre la mujer. ¿Qué pasa con el hombre? Me pregunto algo más ¿No ejerce el hombre una violencia sobre la mujer si la obliga a abortar? ¿No se convierte ese hombre en un machista de los que la izquierda quiere meter entre rejas? Todavía no nos hemos enterado de que la responsabilidad de un aborto no puede recaer solo en la mujer, pero la izquierda ni siquiera menciona al hombre causante del embarazo y, posiblemente, el que ejerce violencia con la mujer para que lo cometa.

La conclusión de todo esto es muy simple: no hay superioridad moral de la izquierda para defender el aborto. Lo que hay es superioridad de comunicación y eso, la medrosa derecha que no sabe si tiene conciencia, no la ha descubierto todavía. ¡Es la comunicación, tontainas, es la comunicación, la capacidad de convencer a las gentes! ¡No hablen de convicciones religiosas para defender una vida, hablen de que matar a un niño de cinco meses de gestación es exactamente igual que matarlo con cinco meses de vida! Y esa es también una responsabilidad de la sociedad civil, al margen de sus creencias. Por eso me ha encantado que los obispos, en su ultima reunión de la Comisión Permanente de la CEE, haya decidido no acudir a la manifestación masiva que diversas asociaciones provida organizan para el mes próximo. La Iglesia tiene bien clara su doctrina; los que se dicen católicos la tienen menos clara mientras que los agnósticos abortistas tienen otra que consiste en despojar de responsabilidad a la libertad. ¡Aborto libre… e irresponsable!