La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Una Iglesia que pinta

Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger

Se puede leer en RD, en un comentario anónimo a la dimisión del ministro de Justicia D. Alberto Ruiz-Gallardón: «A partir de este momento la Iglesia ya no pinta nada en la sociedad española.» Entiéndase que en esa sociedad la Iglesia ha dejado de «tener importancia o significación».

Si con ello se quiere decir que la Iglesia ha dejado de ser escuchada en las sedes del poder político, no deja de ser una magnífica noticia, pues indica que se han restablecido las debidas distancias entre el evangelio y el poder, distancias que nunca debieron ser acortadas, pues no hay manera de servir al mismo tiempo a esos dos señores.

Que la Iglesia haya dejado de tener poder, entiéndase dominio sobre la sociedad, es una noticia que pone fin a un escándalo, pues el único poder que a la Iglesia le es consonante es el de «expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia».

Ahora, si lo que el escriba anónimo quiso decir es que la Iglesia ha dejado de tener su lugar en la sociedad, está muy equivocado. Siempre estará ahí, pequeña y crucificada, profética y bienaventurada; siempre la encontrarán acogedora los pobres, liberadora los esclavizados, rica de perdón los pecadores. Siempre estará ahí, ella sola, también para las mujeres abandonadas por todos a la tristeza infinita del aborto.