La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Creer o no creer en el Más Allá: esa es la cuestión

Manuel Cruz

Profeso una gran admiración hacia dos periodistas que, -¡oh, suerte la mía!- han sido compañeros en el nunca olvidado diario “Pueblo”: José María Carrascal y Arturo Pérez Reverte. Más de treinta años los separan entre sí pero los dos tienen la cercanía profesional de haber vivido su vocación –y vivirla- a tope, cada cual en su singularidad. No voy a contar sus biografías, que bastante notorias son, pero si quiero señalar una característica común que los une: ambos son todo lo escépticos que, podría decir, exige esta profesión nuestra de testigos de la historia, aunque cada cual a su manera y con su propio bagaje cultural. José María lo es desde la frialdad del analista acostumbrado a descubrir las claves de cada criptograma que se encierra en una noticia, mientras que el académico Arturo, cuando ejerce de columnista, no puede ni quiere evitar la indignación que le produce cada mezquindad humana que encuentra en la vida diaria y en su lectura particular de la Historia. Es decir, que, en el fondo, no son tan escépticos que no crean en nada. Muy al contrario: creen en lo que han descubierto por sí mismos y lo exponen sin rodeos ni componendas. Y como no toman partido, dejan al lector inteligente la tarea de discernir.

En realidad quería referirme tan solo, en esta ocasión, a José María Carrascal por la sencilla razón de que acaba de lanzar al mercado del pensamiento un libro que lo desnuda en la medida que expone su opinión de cuanto ha vivido como profesional: “El más allá, más acá”. Lo que ha tratado Carrascal en este análisis suyo de la historia reciente, es algo tan apasionante como traer a la memoria de nuestros días lo que el viento no ha podido llevarse. No es un libro de historia sino un libro de opinión sobre la historia vivida en primera persona, desde el reposo y la madurez de quien ha dedicado su vida a contar lo que veía en un directo-diferido de aquellas crónicas que no exigían la inmediatez de una tableta de nuestros días. En otras palabras, Carrascal ha pasado su memoria por el filtro de la reflexión para contar lo ya contado y las consecuencias que ha tenido a lo largo del tiempo, con la perspectiva de quien no ha dejado de observar la realidad.

¿Y qué es lo que más ha cambiado al mundo, a juicio de este observador que ha vivido desde la II Guerra Mundial al primer paseo del hombre en la Luna pasando por la liberación femenina a la desintegración del átomo, por citar algunos de los hitos históricos de los últimos ochenta años? Pues lo que más importancia ha tenido –y tiene- según su acertadísima opinión es…el desinterés creciente de las gentes por la otra vida, la de ultratumba, “la que veníamos considerando como eterna”, dicho con sus palabras. Nada ha cambiado tanto al mundo como la pérdida paulatina de esta certeza. Carrascal considera que, por supuesto, aún persiste la creencia en el más allá, ya sea por fe, ya “por si acaso”. Pero la tendencia es la que puso de moda Nietzsche con su “muerte de Dios”, que nos ha llevado al “carpe diem” de Horacio, interpretado a la inversa: en lugar de aprovechar el tiempo en el sentido de no malgastarlo, aprovecharse de cada momento porque todo acaba aquí…

¿A qué nos ha conducido este olvido de la vida eterna? Está a la vista de todos: a la corrupción generalizada del ser humano. ¿Cuántas veces hemos oído –incluso escuchado- que la actual crisis económica no es más que un trasunto de la crisis de valores? ¿Quién no recuerda en diálogo de los “Hermanos Karamazov” en el que uno reflexiona que si Dios no existe todo está permitido? Porque hablar del Más Allá es hablar de Dios, del Creador de cielos y tierra, el único con poder para prometer la vida eterna.

No he leído todavía el libro de Carrascal –prometo hacerlo en seguida- salvo el resumen que este domingo ha publicado el diario “ABC”. Pero el capítulo escogido por el periódico es la mejor síntesis que, pese a su obviedad, se ha escrito sobre los males que afectan al mundo. No creer en la vida eterna ha supuesto, en la práctica, no creer en nada, desconfiar de los demás y aprovecharse del prójimo. La corrupción en toda su amplitud. Ha supuesto perder el gusto por el trabajo bien hecho, no asumir la responsabilidad de lo que se hace y se dice, robar y engañar a mansalva, despreciar los derechos humanos, empezando por la vida y, paradójicamente, la proliferación de  ideologías que prometen el paraíso en la Tierra.

Como contraste –y no sé hasta qué punto Carrascal aborda este fenómeno- se extiende en una parte de nuestro mundo una hipertrofia de cierta fe religiosa que “vende” el paraíso a cambio de defenderla con la vida: el “yihadismo”. Mientras Occidente se consume en su busca del hedonismo y los partidos políticos se afanan por reconstruir un cierto sentido de la vida con sus promesas de bienestar –es decir, pensiones y salarios más altos, menos horas de trabajo, más tiempo para el ocio, menos esfuerzo para adquirir conocimiento…- el mundo islámico se afana en defenderse de los “impíos” occidentales que pretenden imponerle su forma de vida y llegan a la exacerbación de prometer un paraíso lleno de placeres carnales a cuantos entreguen su vida en defensa del Islam. ¿Cuántas huríes esperan al verdugo que degüella en directo a los rehenes occidentales capturados en Siria e Irak?

Se mata, si, en el Estado Islámico para alcanzar la gloria, pero aquí en Occidente, se mata –además de robar, malversar, engañar, pervertir, adulterar…- para huir de la responsabilidad de criar un hijo. Y me pregunto: ¿qué nos podría contar un redivido Carrascal dentro de cien años sobre las consecuencias de este choque de nihilismos: los que han dejado de creer en el más allá y los que creen que los demás no tienen derecho a la vida? En realidad, la historia  está comenzando de nuevo, desde los tiempos de Caín. ¿Tendrán nuestros descendientes otra oportunidad de creer en el Más Allá? Mi respuesta es afirmativa porque soy creyente, pero ¿quedará fe en la Tierra cuando llegue el Ultimo Día?