La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

UNA GUÍA PARA ESTE CURSO

La Iglesia gana con la perfección de la sociedad y la sociedad gana con la santidad de la Iglesia

El adelantado comienzo del curso eclesial nos obliga a un ejercicio de realismo. Hay quien pudiera pensar que en la Iglesia sobra dosis de voluntarismo y falta práctica de una inteligencia que es proyecto, perspectiva, sentido y vida en el Espíritu. Son muchas las preguntas que están en ebullición desde que el Papa haya apostado por las relaciones entre la Iglesia y la sociedad, en detrimento de las relaciones entre la Iglesia y las Instituciones y estructuras. Quizá sea una forma de dar respuesta al debilitamiento del liderazgo moral y cultural de la Iglesia en España.

En los próximos días asistiremos a un acontecimiento editorial sin precedentes en el mundo de la cultura y de la sociedad española: la aparición en las librerías, y su presentación pública, de un proyecto dirigido por el académico José Antonio Escudero, con el título «La Iglesia en la historia de España», financiado por la Fundación Rafael del Pino y editado por Marcial Pons. Desde que apareciera hace cuatro décadas la «Historia de la Iglesia en España», del padre Ricardo García Villoslada, no se había producido un acontecimiento similar. No se trata sólo de la nómina de los más de cincuenta colaboradores, académicos e intelectuales de primera fila –de entre la que destaca una crítica y sincera aportación del cardenal Fernando Sebastián–, sino de la posibilidad sinfónica de enfrentarse y confrontarse con lo que la Iglesia ha supuesto, supone y supondrá en la historia de España. Un volumen, de mil quinientas páginas, que no obedece a consignas ni a imposiciones de tesis particulares. Orientado desde el pluralismo y la calidad científica, nos coloca frente a la historia de la Iglesia y de España, y a sus intersecciones, sin tapujos. Es un singular examen de conciencia que no debiera pasar inadvertido.

Desde la época romana y visigoda hasta la contemporánea, este trabajo es una demostración de una evidencia histórica: la Iglesia gana con la perfección de la sociedad y la sociedad gana con la santidad de la Iglesia. Y la Iglesia y la sociedad se benefician de la cultura y del pensamiento. No lo olvidemos.