La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
DECLARACIONES DE NUEVO ARZOBISPO DE MADRID, CARLOS OSORO, AL DIARIO "ABC"

«Una Iglesia no debe tener cristianos de salón, sino de calle»

getimageRamon Pérez Maura y Laura Danielle, en ABC

Un día después de que se hiciera público su nombramiento como arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro (Castañeda, Santander, 1945) recibió al diario madrileño ABC en el Palacio Arzobispal de Valencia, la que ha sido su casa en los últimos cinco años. Aunque aún no sabe cuándo tomará posesión de su nuevo destino, el prelado espera poder ganarse el cariño y la confianza de los madrileños a fuerza de diálogo, cercanía y de tomar iniciativas que respondan «verdaderamente a las necesidades de la gente».¿Qué retos cree que le esperan como arzobispo de Madrid?

— El primero es conocer la realidad de la Iglesia que camina en Madrid. La idea no es hacer algo nuevo por hacerlo, sino que de verdad responda a las necesidades de la gente y sobre todo a la necesidad de una Iglesia que tiene que salir y hacerse presente en todas las realidades del mundo. Una Iglesia que no tiene que tener cristianos de salón sino en la calle, junto a los demás. En definitiva, una Iglesia que asuma los problemas reales que tiene el mundo y dé una respuesta. Hay muchas necesidades en este momento histórico, pero sobre todo en este momento en que hemos aparcado a Dios. Creo que este es el gran reto que tenemos los cristianos y eso no lo podemos hacer solo viviendo hacia dentro. Hay que salir a evangelizar con las obras y con las palabras.

—¿Por qué cree que el Papa Francisco le ha elegido para ser el nuevo arzobispo de Madrid?

— Sinceramente no lo sé porque yo no conocía al Santo Padre. Le conocí en la visita «ad limina» de los obispos españoles y después durante un encuentro como vicepresidente de la Conferencia Episcopal, junto al secretario y el presidente. En esa ocasión estuvimos mucho tiempo hablando. Supongo que él se habrá informado y habrá visto que era conveniente que fuese yo el nuevo arzobispo de Madrid. Ciertamente yo no lo esperaba, entre otras cosas, porque llevaba poco tiempo en la archidiócesis de Valencia y también porque me parece que otros pueden hacerlo mucho mejor que yo. Esto no es una falsa humildad, sino que es algo que constato y podría decir personas concretas.

– ¿Ha podido hablar estos días con el cardenal Rouco?

– Sí, he hablado con él. Me llamó y hemos quedado en vernos en esta próxima semana. Pero en principio él seguirá hasta cumplir los 20 años al frente de la diócesis en el mes de octubre… No sé cómo será. Sí sé cómo vamos a hacerlo en Valencia. El día 4 de octubre entrará el cardenal Cañizares en nuestra archidiócesis y a partir de entonces ya no estaré aquí. A lo mejor me voy unos días de descanso.

– ¿Pero entonces todavía no sabe el día exacto que llegará a Madrid?

– Hasta que no hable con el cardenal Rouco no lo sabré. No tengo problema en entrar cuando sea, pero no sé exactamente cuándo podré hacerlo. Usted llega a una diócesis que ha tenido durante 20 años no solo al mismo obispo, sino también a un prelado con una impronta que ha marcado la historia de la Iglesia en España, ¿estas circunstancias le producen algún temor? ¿Qué sentimientos le despierta? Cuando recibes la noticia de que el Santo Padre te nombra arzobispo de Madrid el primer sentimiento que te llega es un cierto miedo y comienzas a pensar qué es lo que tienes que dar allí. Pero llega un momento en que uno descubre en aquellas palabras de San Agustín lo que en verdad tienes que hacer en la vida. Te das cuenta de que no hay que buscar qué dar sino darte a ti mismo. Y con esa convicción voy a Madrid. Por eso cuando me preguntaban cuáles eran mis proyectos les decía que primero pretendía conocer la realidad y darme desde el principio. Creo que eso lo he intentado hacer en todos los lugares donde he estado y eso es lo que voy a intentar hacer ahora.

—¿Cómo entiende la relación con el poder político? En Madrid además del gobierno autonómico que también tiene aquí en Valencia está el Gobierno de la Nación.

— Yo entiendo esas relaciones desde mi condición de obispo y desde la convicción de un hombre que cree firmemente que la Iglesia tiene una presencia pública. La Iglesia no es para las sacristías, es para salir al mundo. Y naturalmente cuando sale al mundo se encuentra con los poderes públicos y naturalmente tiene que hacer lo que hizo el Señor. El Señor fue el primero que inició la cultura del encuentro. El Padrenuestro es un diseño de lo que es la cultura del encuentro: Hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Dedicarme a que percibamos esto y que no estamos para dañarnos, sino para sanarnos unos a otros. Es que no me veo haciendo otra cosa porque no sabría hacerlo. Me he preparado para esto. En la Iglesia no hacemos proselitismo. Tenemos que hacer una pastoral de atracción. La atracción se hace con esa capacidad de mirar al otro no como un enemigo sino como un hermano. Yo le pido al Señor ser un pastor así. ¿Es un cuento de hadas todo esto que les estoy contando? Yo creo que no. Lo ha hecho otra gente.

—¿Estamos en un cambio de ciclo de la Iglesia en España?

— Ciertamente. Tenemos que asumir que está naciendo una época nueva. Por eso es mucho más urgente ver qué cimientos ponemos para construir algo que merezca la pena, que tenga presente y futuro. En esta época hay una enfermedad que yo siempre he llamado la de las tres «d». Desdibujamiento de lo que es la persona humana, la desesperanza y la desorientación. El ser humano o es peregrino o es vagabundo. Al vagabundo le da igual estar aquí que estar donde sea; el peregrino, en cambio, sabe de metas. Yo creo que en este momento es bueno intentar que la Iglesia haga presente su capacidad para que esta enfermedad no exista.

—¿Por qué es usted una vocación tardía?

– Hoy en día cuesta entender que ordenarse a los 28 años es un vocación tardía pero en esa época sí lo era. —Yo siempre cuento que el primer día que empecé a dar clases mientras explicaba a los alumnos la ecuación de segundo grado me dije: «Creo que puedo hacer algo más». Así llegué a mi vocación, de una forma sencilla. —¿Qué cree le hace falta a la Iglesia en España para convertirse en esa Iglesia que pretende el Papa Francisco, más cercana, más atenta a los pobres? —La Iglesia hace muchas cosas. Si ahora mismo retirásemos esas obras concretas que realizan congregaciones, movimientos y organizaciones España sería completamente distinta. Pero así y todo sí que es verdad que es probable que esa historia de amor que tiene que seguir realizando la Iglesia la tenemos que hacer todos juntos y unidos. Tenemos que ser capaces de no maquillarnos tanto los ojos que nos impidan ver las realidades que se están dando, pero también es verdad que la Iglesia tiene que ser capaz de que esto se muestre con más fuerza. Si no estáis unidos y cada uno va por su lado, esto afecta la vida del obispo porque el que tiene que recrear la unidad es el obispo. Nadie sobra en la Iglesia, al menos a mí no me sobra nadie.

– El Papa Francisco pone el acento en que el estilo y las formas son tan importantes como el mensaje mismo, ¿está de acuerdo?

– Yo creo sinceramente que sí. El Papa con un gesto muy sencillo nos está escribiendo una encíclica y eso es importante en la vida de todos los seres humanos. Hoy la gente entiende más a los testigos. Lo decía Pablo VI. Necesitamos más testigos que maestros. No es que no sean necesarios los maestros pero a la gente le entran las cosas por lo que ve. Pero detrás del gesto tiene que haber esa sabiduría que viene de Dios y que supone también ser maestro. En ese sentido, el Papa Francisco es un hombre que tiene la sabiduría, que la sabe hacer ver y vivir con hechos concretos que están prendiendo en la gente. ¡Cuánta gente que miraba para otro lado ha vuelto a mirar a la Iglesia con el Papa Francisco! Yo conozco mucha gente.

– Esta pregunta puede parecerle precipitada pero ¿piensa continuar con la Misa de la Familia que se celebra cada año en la Plaza de Colón?

– No he pensado en ello. Creo que es muy bueno que en las diócesis se celebre en todas las iglesias. Estoy hablando por hablar porque no había pensado en esa pregunta. Pero sí he pensado siempre que esto debiera estar en las Iglesias particulares, que la Iglesia diocesana tiene que celebrar ese día y con fuerza y con su obispo al frente.

– ¿Qué siente usted cuando ve que otras religiones asesinan a los cristianos en nombre de Dios en otras partes del mundo?

– Un dolor tremendo porque ciertamente ese no es Dios. Matarán en nombre de Dios pero si es Dios nunca mata, nos hace vivir a todos. Cuando yo convierto a ese Dios en una lucha política pues probablemente lo que esté haciendo es imponer a los demás mi forma de entender las relaciones entre los hombres, la política. A mí me da una pena tremenda. Por eso les decía qué vigencia tiene el Padrenuestro. Y qué necesidad tiene este mundo de que verdad podamos entender que en nuestras relaciones las grandes religiones tenemos que ponernos a descubrir que nuestro Dios es un Dios que es imposible que si es Dios mate. Al contrario viene a dar vida. A cualquiera podría parecerle inverosímil que en pleno siglo XXI haya tantos mártires. Quizás las cosas no han cambiado tanto como creíamos… El Papa es un ejemplo de ese intento de querer de que todos sean uno. Ahí está la oración con palestinos y judíos. Él intenta reunirse con todos porque lo cierto es que no puede ser un Dios que mata. Eso es de los hombres.