La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

No nos liemos con eso del proselitismo…

Manuel Cruz

La primera vez que el Papa declaró que el “proselitismo es una tontería”, confieso que me quedé algo desorientado. Pensé, por un momento, que el periódico italiano al que había confiado sus pensamientos más íntimos –el laicista “La Repubblica”- podía haber manipulado las palabras del Papa vertidas en una conversación de la que ni siquiera se tomó nota. Sin embargo, Francisco ha tenido más ocasiones de insistir en su idea negativa sobre el proselitismo, aunque ya con un matiz clarificador: “La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”, declaró en Brasil. Se refería a la atracción que ejerce Jesucristo, obviamente. Y de ejercer esa “atracción” se encarga la Iglesia por su propia naturaleza misionera, es decir, apostólica y de ello ha hablado hasta la saciedad el propio Papa Bergoglio en su Exhortación Apostólica “Evangelio Gaudium”.

No obstante, he de reconocer que me ha quedado un cierto resquemor. ¿Qué hizo San Pablo sino atraer prosélitos para la naciente Iglesia? Más aún: ¿no fueron los propios apóstoles los primeros prosélitos de Jesucristo?  ¿Y qué han hecho los Papas, los misioneros, los mártires a lo largo de la Historia sino dar testimonio –y la vida- en su predicación evangelizadora? ¿Y qué es la “nueva evangelización” sino una nueva forma, acorde con la cultura moderna, de atraer hacia la Iglesia de Cristo a los alejados de Dios, siguiendo el mandato de Jesús de “ir a todo el mundo a hacer discípulos míos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”?

Comprendo que las afirmaciones del Papa hayan podido desorientar a algunos católicos más o menos ingenuos y acaso por ello me habría gustado mucho que el propio Francisco hubiese tenido la oportunidad de aclarar su concepto del proselitismo, aunque también entiendo que las palabras se pueden desvirtuar a capricho del quien las usa. Llegado a este punto me ha llamado la atención que, en sus primeras declaraciones a un periódico madrileño, tras su nombramiento como arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro ha venido a ratificar las palabras del Papa: “La Iglesia no hace proselitismo”, ha afirmado para subrayar la importancia del diálogo y la apertura hacia los demás. Pero, bueno: ¿qué pasa con el proselitismo?

Según la Real Academia de la Lengua Española, el significado primero de proselitismo es la intención de sumar prosélitos y, curiosamente, el uso más habitual del concepto aparece en el ámbito de la política: a eso se dedican los partidos, a ganar adeptos para su causa y, en consecuencia, a ganar las elecciones. De alguna forma, la Iglesia y los partidos políticos tienen una función parecida: la de atraer prosélitos. Y, sin embargo, la Iglesia no deja de estar vigilante cuando los poderes públicos se aprovechan de su hegemonía en la sociedad civil para “adoctrinarla” y atraerla así a sus postulados ideológicos. Ahí está el meollo de lo difícil que a veces resulta el diálogo entre Iglesia y Estado, como ya hemos tenido ocasión de comprobar en España cuando el inefable Rodríguez Zapatero puso en marcha su “catequesis” laicista a través de la enseñanza y sus leyes. Y de ahí también las reiteradas denuncias que hace la Iglesia, empezado por el Papa, sobre la violencia que las sectas ejercen sobre las gentes sencillas para atraerlas y, sobre todo, la persecución religiosa que llevan a cabo los “yihadistas”.

Llego a la conclusión de que si el proselitismo es igual a “yihadismo” –perdón por la hipérbole- la Iglesia no puede ser proselitista. Pero si el proselitismo es evangelizar, dar testimonio de la fe, dialogar con respeto a otras creencias, la Iglesia es proselitista. Y, por supuesto, al hablar de la Iglesia me refiero a todos los católicos, sobre todo los que pugnan por estar presentes en la vida pública.

La Iglesia, reconoce el propio Osoro haciendose eco de las preocupaciones del Papa, no puede recluirse en las sacristías: tiene que salir a la calle, a las “periferias” como dice Francisco con tanto salero. Y eso, diga lo que se diga, es proselitismo. De modo que podría concluir en que todo consiste en el valor que demos a la palabra. Cuando se trata de la Iglesia, no tiene ninguna acepción negativa en la medida que su misión es proclamar la Verdad, el Amor que Dios nos tiene y la promesa de la Vida Eterna para quien guarda los mandamientos. Yo diría que no hay que tener miedo al proselitismo, entendido como debe entenderse. ¡Ay si no evangelizamos!” exclamaría, hoy como ayer, San Pablo.