La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Susana Díaz y la corrupción de Andalucía

MagdalenaMagdalena del Amo, periodista

Los protagonistas del bipartidismo no duermen desde el pasado 25 de mayo. A Elena Valenciano se le corrió el rimel al conocer los resultados y consiguió despertar lástima. En actitud distinta se mostró Dolores de Cospedal, tan experta ya en los discursos fríos y poco fiables.

Los socialistas no dejan de hacer combinaciones a ver si consiguen abrir la caja fuerte de los milagros. Necesitan uno, grande y urgente, si no quieren convertirse en un partido residual. Los paragnostas y aprendices de brujo del PSOE preparan sus estrategias para el gran momento de la renovación. Rubalcaba, ¡por fin! deja la sede vacante, y los aspirantes al solio socialista hacen sus lobbies, cosa natural en estos casos. Aunque de momento solo es una propuesta, es casi seguro que la militancia vaya a poder participar en la elección de la nueva Secretaría General. Si se produce, será un hito histórico que el PP deberá imitar. Ha llegado la hora de exigir democracia interna y transparencia. Las bases de los dos grandes partidos están hartas de que delegados y compromisarios quiten y pongan rey, y que solo se las tenga en cuenta el día de las elecciones o para hacer bulto en los mítines.

En el PSOE, las alternativas son muy poco esperanzadoras. Entre los más conocidos –y viejos aspirantes al relevo—, Eduardo Madina, sin pierna como el soldadito de plomo, eterno adolescente con síndrome de Estocolmo sin curar, sería la continuación del zapaterismo más enxebre.

Otra de las aspirantes hibernadas, Carma Chacón en Cataluña, y de España en Andalucía, es Zapatero con faldas, como dijo Rodríguez Ibarra. La señora independentista que aplaudía dichos como aquel de “la puta España”, del malogrado diablo fanático que ni nombro, aspira a representar a todos los españoles. ¡Incomprensible e incoherente! La experta en Québec, ahora quiere meter a todos en la cocina del restaurante para que vean “cómo queremos hacer las cosas”. Esa es su nueva metáfora.

Y, ¡qué decir de la inefable Susana Díaz!, puesta en el trono por el dedo de Griñán, huido al Senado por el asunto de los EREs –colocado a su vez por Chaves—. Susana es la persona de confianza para guardar los intereses de los amigos. Pero como la oposición duerme en los laureles y va “a su bola” –¿se sabe algo de Bonilla?—, un puñado de votos la han convertido en la heroína de Al Andalus. El mérito de la rubia de oro no es otro que formar parte del entramado político que a lo largo de treinta y dos años ha protagonizado vergonzosos latrocinios. ¿Se olvidan los andaluces de que, aparte de los citados, hay más de ciento cincuenta socialistas, varios de la UGT, imputados por llevarse el dinero de los parados? Que esta señora se atreva a condenar la corrupción, como que con ella no va nada, es un descaro. Que haya conseguido darle la vuelta a la situación y aparecer como la gran depuradora de corruptos es casi tan difícil como transformar el plomo en oro. ¡A ver si va a resultar que es alquimista! Lo peor de todo es que su alta autoestima, ayudada por los pelotas de turno, que tanto abundan en todas partes, la hace soñar con Madrid y contempla dar el salto a la política nacional; y eso sí que es excesivo, a la vez que un disparate.

La gran ventaja de Susana Díaz es la de ser mujer. Hoy, ser mujer es un blindaje contra las críticas. Si se la llama inepta, siempre podrá alegar que es un acto machista, y si el autor de la crítica es un hombre, se le añadirá el calificativo de misógino. Ella se erigirá entonces en Pasionaria de turno –como Valenciano en la campaña—, defensora del género femenino, cuyos derechos peligran. Cuando no hay defensa posible, hay que recurrir al tópico, que además vende un montón. No hay más que recordar a Chacón embarazada poniendo firmes a los militares. Fue un despropósito, pero a los que nos atrevimos a decir algo, nos cayó la del pulpo. ¡Éramos unos machistas cavernícolas e impresentables!

Susana Díaz está encantada de haberse conocido y lo demuestra a todas horas con sus sonrisas de oreja a oreja. Sonreír está bien, y además es gratis, pero en los funerales hay que ser más moderados, incluso con la sonrisa. Zapatero puso el país patas arriba y nos hundió en la miseria. Eso sí, siempre a golpe de sonrisa. ¡En eso se parecen! Ojalá emerja un socialista honrado, no sectario, sin mancha ni pecado, dispuesto a arrimar el hombro. ¡Por el bien de España!