La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

La gran pregunta tiene respuesta

La gran pregunta del día es por qué los dos grandes partidos españoles han sufrido tan duro varapalo en las elecciones europeas sin que, de momento, hayan encontrado una respuesta más o menos certera y convincente. Mientras los socialistas confían en despejar la incógnita en el congreso extraordinario donde se elegirá una nueva dirección, los “populares” creen que su fallo estriba en una deficiencia en su política de comunicación, que se proponen enmendar. Sin embargo, resulta dudoso que nuevas caras y una mejor comunicación sean remedio suficiente para detener la sangría de votos que han sufrido este pasado domingo.

El propio resultado de estas elecciones ha dado ya una primera y fantasiosa respuesta que todavía no se ha analizado en profundidad. Hablamos de la emergencia de un partido extremista que ofrece, sin pestañear, salario para todo el mundo, trabajar menor y cobrar más, salirse de Europa, derribar las fronteras, expropiar viviendas y nacionalizar las grandes empresas. Por irrealizables que sean estas absurdas promesas, esa es la consecuencia directa del desconcierto social provocado por una crisis cuyo origen está en un sistema económico y financiero que el Papa Francisco ha definido como “inhumano”. Este sistema, basado en la autonomía absoluta de los mercados, la idolatría del dinero y la especulación financiera que niega la primacía del ser humano, tal y como afirmaba el Papa en su reciente Exhortación apostólica, es lo que hay que revisar a fondo para que los Estados puedan cumplir con su primera obligación: velar por el bien común. La tarea compete esencialmente a la Europa que hemos votado y que, todavía, no ha caído en manos de quienes pretenden destruirla desde el nihilismo que el propio sistema se ha ocupado de generar y extender.