La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Lo que nos espera después de las elecciones europeas

–       Bueno, ¿y ahora qué, amigo?

–       Noto un cierto tono de sorna en su pregunta, pero es lógico que todos nos hagamos la misma pregunta. Si le resumo todas las consideraciones que me he hecho a la vista de los resultados electorales, le diré de entrada tres cosas. La primera, que si Elena Valenciano creía que iba a dejar KO a Arias Cañete con sus acusaciones de machismo y con su defensa del aborto, ya debería haber dimitido, antes que Rubalcaba. La segunda, que pese al varapalo sufrido por el PP, Rajoy puede darse por contento al haberle ganado la partida a los socialistas con medio millón más de votos y dos escaños de diferencia. Y tercera, la peor: que la ruptura del bipartidismo ha llevado al parlamento europeo al movimiento antisistema surgido del 15 M: “Podemos”, de Pablo Iglesias que ahora vamos a tener en la calle dedicado a la agitación junto a Izquierda Unida, que se hará más radical..

–       Hombre, hay muchas más lecturas de los resultados. Por ejemplo, que el separatismo de la republicana Esquerra le gana a CiU en Cataluña, que UpD se consolida, que Bildu va a estar en Bruselas, que Izquierda Unida ya pide la convocatoria de elecciones generales al considerar que Rajoy ha perdido legitimidad, que el PSOR ha ganado en Andalucía a pesar de los escándalos de corrupción… La crisis ha cambiado el mapa electoral ¿no le parece?

–       Nada sorprendente, pero no olvide que estas han sido unas elecciones europeas y que en el resto de Europa, salvo en Alemania, es donde de verdad se han trastocado las cosas con la emergencia de los partidos antieuropeos de ultraderecha y de ultraizquierda, sobre todo en Francia, Gran Bretaña. Holanda, Grecia… Eso sí que es preocupante. De todas formas, le diré una cosa: a pesar de la fragmentación del electorado, populares y socialistas mantienen su mayoría sobre el resto y son los que de verdad van a decidir el rumbo de la Unión. Y lo más probable es que formen una coalición parlamentaria como la que existe en Alemania.

–       Lleva usted razón, pero ¿usted cree que en España puede ser posible un pacto entre el PP y el PSOE? Personalmente lo dudo mucho, al menos mientras Rubalcaba siga en la Secretaria general de los socialistas. Y ya veremos quien lo sustituye. En cuanto a la abortista Elena Valenciano, su escenario político está ya en Bruselas y allí tendrá que votar lo que diga su jefe de filas, el alemán Schultz.

–       Desde luego, el descalabro sufrido por el PP y el PSOE tiene que hacerlos reflexionar y mucho. La sangría de votos que han sufrido los dos ha sido espectacular. Pero en el caso del Partido Popular es muy diferente al de los socialistas. El electorado ha castigado a Mariano Rajoy por su política de recortes, por mucho que en el fondo todo el mundo esté de acuerdo en que ha sido necesaria. En otras palabras, el PP ha sufrido un lógico desgaste de su poder, no solo por la gestión de la crisis sino por su aparente “blandura” frente al secesionismo catalán y vasco, por su dilación en la reforma de la ley del aborto y por las derivaciones del “caso Bolinaga” y de la anulación de la “doctrina Parot” que, en realidad, han propiciado la aparición de Vox y la proliferación de partidillos más o menos confesionales. En su conjunto, todos ellos le han quitado al PP más de trescientos mil  de votos que podrían haberle subido la cuenta en dos o tres escaños más, pero muy lejos de los 24 que obtuvo en 2009. El caso del PSOE es muy diferente. Ha tenido mil ocasiones para reconocer su culpa en los errores cometidos durante la época de Zapatero, pero no lo ha hecho. Ha podido acercarse al PP para unir sus fuerzas en la batalla contra la crisis, pero no lo ha hecho. Toda su labor en estos dos últimos años ha consistido en impugnar las leyes que aprobada el PP con su mayoría absoluta y ha contribuido a crispar a la sociedad más de lo que estaba por la subida de impuestos y los recortes salariales e, incluso, me atrevería a decirle que esa estrategia de crispación es la que ha propiciado la aparición de una izquierda salvaje. El problema de los socialistas es que han perdido toda la credibilidad. Rubalcaba se ha equivocado y lo está pagando a un precio demasiado alto para un partido que, aún hoy, es la única alternativa al PP.

–       Eso quiere decir que del voto de castigo al PP podemos pasar en las próximas elecciones, que serán las municipales y autonómicas, a una recuperación de su electorado si se consolida el crecimiento de la economía y si consigue imponer la ley frente al secesionismo catalán y vasco…

–       Eso es lo previsible. A la vista del panorama que nos han dejado estas elecciones europeas, no creo yo que el electorado no reaccione y devuelva su confianza en el PP, sobre todo si saca adelante su ley de defensa a la maternidad y del no nacido además de cumplir la promesa de poner en marcha su proyecto de apoyo a la familia. De todas formas, le diré una cosa más: buena parte de lo que ocurra en España en el próximo futuro va a depender de las políticas que se apliquen en Europa para salir definitivamente de la crisis. A los escépticos y antieuropeos solo se les puede convencer con la eficacia de unas medidas que generen empleo y refuercen la unidad europea.

–       O sea, que tanto populares como socialistas tienen mucho que reflexionar y mucho más que trabajar para que Europa no se vuelva ingobernable y se destruya todo lo construido hasta ahora.

–       Y sobre todo, que no se olviden de las raíces culturales de Europa, de sus valores morales, de los principios que se plasmaron en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los grandes partidos tendrán que analizar a fondo las causas de la emergencia de grupos radicales, sobre todo de la ultraderecha en Francia y los países del norte. ¿No ha sido porque han abrazado el relativismo del que ya son las primeras víctimas? No creer en nada que no sea su propio interés y el poder: ese ha sido su gran pecado. Restablecer las certidumbres va a costar mucho más ahora.

–       Hago votos porque ocurra lo contrario: que del nihilismo pasen a la fe en una Europa enraizada en la civilización cristiana.

–       Así sea.