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Cardenal Rouco Varela: “Que los enfermos vivan su enfermedad como un camino de gloria, como una pascua de Resurrección”

roucoLa Catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió este pasado domingo, una solemne celebración de la Eucaristía con la que se clausuraba en la diócesis la Pascua del Enfermo que, desde el pasado 11 de febrero, se ha venido celebrando con el lema “Fe y Caridad. ‘Dar nuestra vida por los hermanos’ (1 Jn 3, 16)”. Presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, la Misa fue concelebrada por el Delegado de Pastoral de la Salud, José Luis Méndez, y numerosos sacerdotes.

En su homilía, el Cardenal recordó que en el VIº domingo de Pascua la Iglesia en España celebra esta jornada “buscando que los enfermos vivan también la Pascua”. En alusión al lema de este año, explicó: “fe y caridad, fe y amor: ese binomio de fe y amor, fe que nos ayuda a conocer de verdad el sentido de la enfermedad, y amor que nos permite vivirla y compartirla en toda su verdad y fecundidad”.

Recordó que “en el mundo siempre hay persecución y enfermedad. La enfermedad nos persigue siempre a todos”, aseguró, como “la persecución contra el cristianismo. En muchos lugares del mundo se persigue ahora a los cristianos y a la Iglesia, como ocurrió a lo largo de la historia, desde los apóstoles”. Ambos hechos, dijo, “tienen que ver, de algún modo, entre sí. Son dos situaciones de dolor, de sufrimiento, en las que el corazón y el alma, a veces, se sienten débiles, indefensas, pero que comprendidas a la luz de la fe y vividas en el amor de Cristo crucificado y resucitado son fuentes de vida, de salud y de resurrección de Pascua para todos los que las sufren, los que comparten el sufrimiento, y para los que no saben ni se enteran de lo que pasa”.

“La enfermedad, apuntó, es el paso del Señor crucificado por nuestra vida para que nos abracemos a Él, en su Cruz, y luego podamos amarle de verdad, y amar con Él a nuestros hermanos, llevando al mundo el fruto de ese don de amor que Él ofreció en la cruz por nosotros, y que ofrece constantemente en el cielo, junto al Padre. Un sacrificio y una oblación siempre viva y actual”.

Aseguró que “la acción pastoral de la iglesia con los enfermos quiere ser siempre pascual. Ayudarles a vivir su enfermedad como un camino de salud, a través del sacramento de la unción de los enfermos, que es un sacramento de la salud física, del cuerpo y del alma, y siempre como un camino de salud del alma, del corazón y de lo más hondo del ser y de la vida de los hombres. También quiere ser una pastoral que permita a toda la comunidad cristiana dar testimonio del amor a aquellos que entregan su vida por amor y con amor al Señor a través de su enfermedad y de la persecución. De tal manera que se convierta en un gran ejemplo, en un gran testimonio para el mundo y para las personas, las sociedades y comunidades humanas que todavía no saben que Cristo ha pasado por el mundo amando y entregándose en la Cruz por nosotros, y que ha resucitado y ha abierto al hombre el gran horizonte de la vida feliz”.

Concluyó manifestando su deseo de “que nuestros enfermos vivan la enfermedad, sobre todo los que la viven aguda y gravemente, como un camino de gloria, como una pascua de Resurrección. Y que aquellos a los que el Señor nos llama para ayudar, para estar cerca de los que sufren, que la vivamos como una participación en esa Pascua del Señor que transforma la vida y da muchos frutos”.