La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)
“La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro”

Los obispos españoles alertan sobre los riesgos y oportunidades de las nuevas tecnologías de la comunicaciónn

imagesEn la Festividad de la Ascensión del Señor, el domingo 1 de junio, la Iglesia celebra la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, este año con el lema “La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro”. En su mensaje para esta Jornada, los obispos españoles recuerdan que “la aparición y difusión de las nuevas tecnologías de la comunicación, que cumplen ahora 20 años, ha generado, especialmente con la incorporación de las redes sociales, una nueva cultura. Esta nueva realidad de las comunicaciones está transformando el modo de conocer, de trabajar, de relacionarse, de vivir y de interactuar entre las personas y los pueblos. La globalidad de las dimensiones que se ven afectadas, la velocidad en la difusión y la extensión geográfica a toda la tierra, son tres rasgos que caracterizan esta nueva cultura, al tiempo que muestran su importancia”.

Destacan, “en primer lugar, la profundidad con la que afecta a la globalidad de los fenómenos humanos. Toda la actividad humana está siendo transformada por la aparición de estas nuevas tecnologías, no solo en los medios o en los procesos, sino también en los fines: el modo de conocer de las personas, el modo de relacionarse, el modo de trabajar y el modo de divertirse. Además, las perspectivas señalan que este cambio cultural no ha terminado y se siguen produciendo descubrimientos y nuevas herramientas que van modificando y reconfigurando, cada día, la manera de vivir de las personas. Se puede afirmar que la nueva cultura va a estar caracterizada por un cambio permanente que exigirá una adaptación constante”.

Confiesan que “es también llamativa la velocidad con la que se está imponiendo esta nueva cultura. Si cada una de las culturas anteriores se creó, desarrolló y mantuvo su vigencia durante dos o tres siglos (la edad Media, el renacimiento, el siglo de las luces, la revolución industrial…) la cultura creada en torno a las nuevas tecnologías de la comunicación ha supuesto un cambio social radical en apenas dos décadas. La utilización del correo electrónico tiene apenas veinte años, los blogs, algo más de diez, y las redes sociales se siguen creando a día de hoy”.

Sin olvidar “la extensión de estos cambios, que afectan ya a miles de millones de personas en todo el mundo. La brecha digital que separaba a sociedades digitales de las que no lo eran está menguando rápidamente. Intereses comerciales, económicos y de servicio están impulsando la nueva cultura hasta fronteras que anteriormente quedaban alejadas de cualquier progreso social y material”.

Sin embargo, advierten que “esta nueva cultura tecnológica, a la que no se puede renunciar, como toda novedad social, presenta riesgos y oportunidades”. Entre los primeros, apuntan “el aislamiento de las personas, el individualismo, el ofuscamiento en el mundo digital y el consiguiente desprecio del mundo real, el olvido de la caridad. En el ámbito familiar se están viviendo algunos desfases entre los hijos, nativos digitales, expertos conocedores de las nuevas tecnologías, y los padres, inmigrantes digitales que viven en un continuo esfuerzo de adaptación”. Entre las segundas, “la difusión masiva del conocimiento”, o el hecho de que “las dinámicas de pensamiento encuentran ahora nuevos cauces de difusión”.

“A esto están llamados todos los que trabajan o utilizan el mundo de las nuevas tecnologías: a hacer crecer las oportunidades que estas herramientas permiten para que cada persona se haga más humana y más consciente de la responsabilidad que tiene sobre el desarrollo integral de los demás. El objetivo último de esta revolución tiene que ser transformar esta cultura digital una cultura del encuentro. Las nuevas tecnologías deben estar al servicio de la humanidad”, afirman.

“Para que la nueva cultura digital se transforme en una cultura del encuentro, aseguran, el papel de los comunicadores es fundamental. Son ellos quienes, con una formación adecuada, un conocimiento profundo de la realidad social y una capacidad de discernimiento fruto de su experiencia, pueden contribuir a que la verdad no naufrague en el océano digital, sino que, al contrario, sea servida con diligencia y criterio a todas las personas que la reclaman para poder ser libres”.

Reconocen que “las dificultades para cumplir esta misión, encomendada de manera principal a los comunicadores, no son pequeñas”. Y citan, por ejemplo, la grave crisis económica “que ha provocado el cierre de numerosos medios de comunicación y el despido de miles de profesionales” sin olvidar “las situaciones de conflicto o coacción en la que ejercen su profesión algunos periodistas”. Y es que, señalan, “sin la comunicación social, sus medios y sus profesionales, la sociedad se incapacita para conocer la verdad y, por tanto, para ejercer la libertad”.

Proponen a los comunicadores una nueva misión, “siempre como servicio al bien común”, que consiste en transformar “esta cultura digital en una cultura de encuentro, en la que no haya espacio para la calumnia o el odio sino más bien para la proximidad de las personas, las relaciones amables, la sonrisa que acompaña al encuentro compartido de la verdad. Se trata en el fondo de un intercambio de conocimientos y cultura, de un compartir opiniones de interés para el progreso social; en una palabra, de consolidar la cultura del encuentro para el bien común”.

Concluyen expresando un reconocimiento agradecido a los comunicadores.