La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás (W. Churchill)

Los políticos nos engañan porque somos mejores que ellos

magdalenadelamoMagdalena del Amo, periodista

Ver a los políticos en campaña, preparándose una vez más para ganar una oposición que les garantice un puesto casi vitalicio en algún escaño de un parlamento cualquiera –en este caso europeo—, me ha hecho pensar en la capacidad de aguante de los ciudadanos. ¡Porque sí hay aguante, y no me digan que no! Por otro lado, las encuestas del CIS sobre intención de voto, me dejan completamente descolocada. No porque confirmen que, a pesar de los pesares, el bipartidismo seguirá ahí, formando frente común, sino por el número de “adeptos” –en mi opinión hay que llamarlos así, porque funcionan exactamente igual que las sectas— que destinarán su voto al Partido Popular y al Partido Socialista, los dos grandes culpables de nuestra realidad española actual: los segundos por despilfarrar y vaciar las arcas, y los primeros, por empeñarse en corregir el déficit chupando la sangre del ciudadano menos favorecido. Porque, ¿verdad que la cúpula política con su racimo de asesores, prebendas y privilegios no ha notado la crisis? ¿Y tampoco los empresarios con los que Rajoy se reunió ayer? ¿Ni los banqueros, que están haciendo su agosto comprando deuda pública? Por eso me llama la atención la docilidad de los votantes, incluso de los indecisos, cuando lo lógico sería buscar alternativas a los dictadores, o los votos nulos en señal de protesta. Sería un indicador de salud social.

El Partido Popular ha actuado como una apisonadora desde el momento cero, salvo en alguna cuestión moral, por las presiones de los progres de fuera y los de dentro, acomplejados con diploma, porque, claro, tener un padre o un abuelo del movimiento imprime carácter y eso lo purgan no solo interiorizando sus postulados –el léxico feminista, por ejemplo—sino, políticamente, yendo delante a retirar estatuas de Franco. Los líderes del PP ni son de aquí, ni son de allá. Nunca se sabe si suben o bajan. Rajoy Brey, de esto sabe un montón; no por ser gallego, sino por sabérselas todas en el juego de la política. Rajoy es como esos banqueros de antes, que empezaban de botones y llegaban a presidentes –del banco, quiero decir—. Rajoy Brey pasa –permítanme la expresión—de los ciudadanos. Sabe –y lo ha comprobado en sus carnes—que quien resiste, gana. Como sea. Si para ello hay que “arreglar” las finanzas de algunos grupos de comunicación, se hace, aunque sea a costa de retirar o rebajar el subsidio de los dependientes o el Interferón de los presos con hepatitis. Si hay que cerrar programas “hostiles” y cortar las cabezas de periodistas críticos, se hace. Si hay que colocar jueces afines y “que se dejen aconsejar”, se hace. Y si hay que cesar al comisario responsable de las investigaciones relacionadas con la corrupción, también se hace. Esto acaba de suceder, y me parece grave.

José García Losada, en el cargo desde el 2012, fue cesado “por falta de confianza”. De él dependían varias unidades, como la UDEF, que lleva a cabo, entre otras, las investigaciones del caso Palau, los papeles de Bárcenas o el caso Gürtel. ¡Casi nada! ¿Falta de confianza? ¿No le gusta al Partido Popular que se investigue hasta el fondo? Falta de confianza es la que tiene el ciudadano en el Gobierno por estas maneras arbitrarias de actuar.

 

El actual Gobierno no es partidario de la pluralidad, ni informativa, ni política. En algunas comunidades autónomas donde gobierna el PP, amenazan y presionan a los dueños de salas y restaurantes para impedir que otras formaciones, como VOX, puedan celebrar reuniones para explicar sus programas. Estos partidos, como el citado VOX, Ciudadanos o UPyD están absolutamente vetados en los medios públicos –salvo los minutos que les corresponden por ley—, y en los privados que reciben fondos públicos. En Asturias, por ejemplo, Foro, el partido de Cascos, está permanentemente en el exilio político, condenado por un PP y un PSOE que se entienden divinamente e incluso son “socios” en algunos casos de corrupción. ¡Ojo!, con la anuencia y apoyo de los puristas de UPyD.

 

Viendo estos días la campaña y las encuestas sobre intención de voto, he reflexionado sobre lo vulnerables que somos a la estafa y al engaño. Las campañas electorales tienen mucho de las dos cosas. El engaño funciona porque el ser humano está programado para ser engañado. Las últimas investigaciones en neurobiología indican que el ser humano es el único animal altruista por naturaleza. La causa se debe a la oxitocina, un neurotransmisor que produce nuestro circuito cerebral. Esta hormona actúa cuando alguien confía en nosotros y nos despierta el deseo de reciprocidad.

Por lo que parece, los políticos deben estar al tanto de los estudios neurobiológicos o deben saber esta circunstancia del ser humano/votante, por puro empirismo. Podemos verlo en frases como: “Confío en vosotros para conseguir…”, o “Tengo el convencimiento de que entre todos vamos a lograr…” o “Los españoles han pasado por situaciones difíciles y siempre las han superado…”. ¡De libro!

Cuando alguien necesita ayuda, enseguida nos brindamos, porque produce en nosotros un estímulo que impulsa la liberación de la “bendita” oxitocina. Por eso nos sentimos tan gratificados cuando hacemos voluntariado o ayudamos al prójimo. Estamos hablando de personas medianamente normales y equilibradas, ya que este neurotransmisor es deficitario en los cerebros de psicópatas de todo pelaje y, en general, en personas carentes de compasión y empatía. (Muchos políticos están aquejados de este mal). Sabiendo esto, hagamos como los grandes yoghis: seamos capaces de controlar nuestros neurotransmisores, y no nos dejemos engañar.